24 agosto, 2006

Del «alta» de Marinín el veinte y cuatro de agosto (2)

la casa de Su Ilustrísima fuimos luego e llevaba yo a mi pequeño en mi regazo en el asiento grande de la parte de atrás y, llegando cerca de la casa, dejé a Marcos (por cuidar del coche) y a Marino allí e fuíme a buscar a don Juan raudo como centella; e ya esperaba él con un poco de preocupación nuestra llegada. Así le dije que nos esperaba el coche e que volveríamos a Grazalema porque pasase allí los días de descanso obligado el pequeño. E ofrecióse Su Ilustrísima al punto a cuidar dél e dijo no se separaría de su lado hasta verle casi normal, así, le respondí yo:

“¡Ay, Ilustrísima! Que si no fuese porque mala idea tenía yo desta medicina y destos médicos, no podría aseguraros que vuestro niño parece no haber tenido enfermedad alguna. Ahora veréis”.

E vino don Juan a priesa tras de mí e llegóse al coche con expectación e sorpresa e, mirando por la ventanilla vio a Marinín tender sus brazos hacia él; e no encontraba el pañuelo en el bolsillo de su sotana.

Fuimos luego de espacio hacia la villa porque no hubiese mucho movimiento, mas decía el pequeño que no sentía dolor alguno.

Y en llegando a la casa, nos esperaba el servicio. E bajó Su Ilustrísima e dióles la bendición e tranquilizólos. Dejó Marcos el coche cerca de la casapuerta e me dijo bajase yo antes por saludar a los que nos daban la bienvenida; e luego, le vi tomar al pequeño en brazos con sumo cuidado e así me dijo uno de los criados, que debería el pequeño ponerse en la cama del cuarto de los invitados, que en la planta baja queda; e no parecióme mala idea, mas vi tristeza en la cara de Diego Jesús que, acercándose a su amigo, no sabía qué decirle:

“¿Os ha dolido, estáis bien agora?”.

“No os preocupéis – le dijo – que todo ha sido como un sueño y en él no ha habido dolor. Mirad en esa maleta azul e veréis el muñeco de colores que me ha regalado un médico; se llama Agustín (no el muñeco, sino el médico)”.

“Agustín – contestó Diego Jesús – habría que poner al muñeco de nombre; ¿no os parece una buena idea?”.

“Sí – contestó Marino – así debe llamarse por recordar a quien me lo ha regalado”.

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