abiendo pasado la noche en vela por retirar los pensamientos que le venían a Marcos (y a mí mesmo), fue dificultoso el levantarme. Muchas cosas quería dejar este domingo preparadas, de tal forma, que mi compañero e don Juan no hubiesen mucha fatiga con los niños e con el servicio.No muy temprano, por no ser de molestia, avisé a don Diego para saber la hora de la partida a Sevilla e, diciéndome éste que el almacén inglés de corte (y confección, supongo) no abría hasta las diez de la mañana, decidí dormir algo de siesta, levantarme temprano e aprestar algunos otros detalles a primeras horas.
Dejé dormir a Marcos hasta que por sí se levantó, que temprano, casi al amanecer, cayó rendido (con o sin las imágenes que se le presentaban al cerrar los ojos). E notamos su falta durante el desayuno, que siempre ayudaba a mantener el orden entre los niños, que aún no siendo muy traviesos, siempre había que tener un ojo encima dellos.
Casi todo a punto, sentéme en el jardín con Su Ilustrísima hasta que le vimos aparecer con no muy buena cara e, acercándose a nosotros muy de espacio, puso sus manos sobre nuestros hombros para darnos los buenos días sin tener que hablar mucho e, sin esperarlo, noté se acercaba a mí e me besaba:
“Como niño pequeño me porté anoche e no os he dejado descansar”.
“No importa tal – le dije – temprano me he levantado y ya tengo mucho preparado para mañana. Lo que yo no pueda hacer tendréis que hacerlo vos, pero es poca cosa. Sentaos agora aquí una pieza con nosotros hasta que despertéis del todo. ¿Habéis desayunado algo?”.
“Tan dormido – dijo - me es de dificultad comer alguna cosa, mas no preocupaos que agora tomaré algo. Comenzaré por un zumo como hacéis vos, supongo”.
Y en viendo y en oyendo nuestras palabras, manifestó don Juan:
“Normal me parece que la noche no haya sido tan buena como hubieseis deseado, que algunos días quitan el sueño ¿Yerro? Mas todo pasa, la noche ha pasado y el día irá normalizando vuestro cuerpo. Esta tarde oiremos la misa a las ocho, por suerte para vos don Marcos, que se hará en honor de Santa Clara por quien tengo especial devoción. Tal vez así se os «aclaren» las cosas. Descansad agora una buena pieza, almorzad, dormid una siesta e mañana estaréis listo para ser el señor de la casa, que en toda la mañana no estará aquí el capitán”.
E sentándose junto a don Juan, le dijo casi dormido:
“Decid verdad, que todo pasa; que noche tan mala como esta no la recuerdo”.
“Pues cuando algo así ocurre – espetó Su Ilustrísima – no hay cosa mejor que rezar unos cuantos rosarios (si a más de tres llegáis) e con la luz apagada. No lo dudéis, que yo también he tenido noches destas. ¿Por qué no os dais un buen baño en el agua fresca e a buen seguro se os abren el apetito e la mente?”.
“¿Queréis por ventura que alguien tenga que arrojarse a socorrerme? – dijo con la vista perdida -. Aún ando en sueños; preferiría antes despertar un poco más”.
En Grazalema y a veinte y siete de agosto del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario