14 agosto, 2006

De los planes para un corto e ilusionante viaje

endijo Su Ilustrísima los alimentos que íbamos a tomar en el almuerzo e fueron servidos poco a poco en cada plato. Miraba María con disimulo tras la puerta de la cocina e los niños, ajenos a los acontecimientos, comenzaron a dar buena cuenta de aquellos manjares. E así dije:

“Planes tengo hechos de partir esta mesma noche con Rafael, que tiene coche público e ha de llevarme a Sevilla”.

“Os puedo decir – apuntó don Juan – qué cosa os lleva a la ciudad”.

“No hace falta, Ilustrísima – respondí –, que yo mesmo he de daros razones. Ha de ser la salida esta tarde o esta noche e la vuelta mañana al atardecer, pues pienso asistir a la procesión de la Virgen de los Reyes, que a las ocho de la mañana comienza. Y terminada ésta, algo tomaré e volveré con vosotros”.

“Bien me parece que hagáis planes para ver tal procesión – dijo Marcos con cierta güasa -, mas hubiese yo pensado que tal vez a mí me fuese de agrado ver el tal cortejo, que sé es maravilla de contemplar e nunca lo he visto”.

E pensando mejor las cosas, propuse algo nuevo:

“Tal vez Su Ilustrísima estaría dispuesta a quedarse con los niños sólo una noche, que en esto de la educación e la disciplina nadie puede darle liciones”.

E limpiando sus labios con la servilleta e tragando lo que en la boca tenía, dijo con ceremonia:

“Sin duda alguna estos niños estarían a buen recaudo conmigo, mas quiero sepáis que esa tal procesión también me gustaría de ver e saludar a Su Eminencia el Cardenal, lo cual, dejaría de la mano de Dios a estos niños, aunque el servicio es de confianza”.

E pensando un poco todo lo dicho e todo lo oído, repuse:

“Así lo manifestáis, difícil lo ponéis, pues viniendo Marcos no paréceme de razón dejar aquí a Su Ilustrísima, e viniendo éste también, mas atinado sería partiéramos todos para Sevilla e volviésemos al atardecer”.

E hubo gran alegría e fiesta entre los niños e dije a Fermín diese aviso (en persona) a su madre de que habría de ir a Sevilla a ver a la Virgen de los Reyes.

E continuó comiendo don Juan mientras decía:

“Una carga me quitáis de encima e una grande ilusión háceme esto del viaje, que no se ve a Nuestra Señora Gloriosa todos los días, ni todos los años, pasear por las calles de Sevilla”.

“E por otras calles – apunté – que anda Sevilla toda en obras e no sería de razón llevar a Nuestra Señora campo a través”.

En Grazalema y a catorce de agosto del año de dos mil e seis.

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