23 agosto, 2006

De lo que me contó Marino el día que allí estuvimos

emprano comenzaron a venir aquellas gentes del hospital e lleváronse rodando la cama de nuestro vecino enfermo y, al poco, despertó Marinín quejándose de un poco de dolor. Con esto, avisó Marcos e vino una mujer muy sonriente que hablaba a mi niño como si suyo fuese e por su nombre: “¿Te duele, cariño?”.

Fuése al punto e trujo un bote de cristal e, colocándole un tubo, lo colgó invertido en lo alto de la barra de hierro. Al poco tiempo, me dijo mi niño ya no había dolor e me sentase junto a él en la cama e, tomándome la mano, comenzó a hablar:

“No son estos hombres de bata blanca o traje verde como los de Plasencia, que cuando fueron a curar mi dolor, me contaron cosas muy divertidas e uno dellos dijo que sabía yo no soy de aquí, sino de algún lugar de Castilla; e le dije era de Extremadura mas, siendo mi padre del Andalucía, andaluz me sentía. Luego me dio un muñeco de colores e prometió que cuando me fuese a casa me lo llevaría conmigo. E paréceme que esto lo habéis preparado vos, papá”.

He hube de volver mi rostro porque no viese la emoción en mis ojos. E luego, mientras le contaba alguna cosa, descubrí con harta discreción su cuerpo e nada vi, sino dos puntos cosidos a su piel en diferentes sitios. Tal sorpresa hube, que pensé debería estudiar los remedios desta medicina moderna. Y esto mesmo comenté con Marcos e así me dijo:

“Tiempo tenéis para estudiar como médico varias veces, pero no lo hagáis por vuestra cuenta. Ya os miraré yo los papeles necesarios para hacer vuestros estudios y exámenes conforme se exigen, pues no habiendo examinado, no podréis acceder ni a estos artilugios ni a estos medicamentos. Id pensando que habréis de estudiar, e mucho, hasta diez años. Si es vuestra voluntad - os digo lo que dello pienso - no habrá médico que pueda superaros; ni acaso vuestro sobrino”.

E trujeron luego al otro pequeño e le dieron algún alimento que yantar e Marinín habló muchas cosas con él. E llegando la tarde, vino uno destos médicos e me dijo que, en no habiendo alguna otra complicación, partiría Marino con nosotros al día siguiente.

En Ronda y a veinte y tres de agosto del año de dos mil e seis.

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