30 agosto, 2006

De las pláticas camino al hospital (1/2)

l Hermano Federico nos pareció más callado al principio, mas, en todo el camino hasta el hospital (que cerca del Arenal e del río se halla), nos narró cosas increíbles del capitán, que aún no habiéndolas vivido él por su edad, era tan admirado como uno de los mejores hermanos e, siendo luenga su vida, por debajo del venerable don Miguel se le consideraba, aún no queriendo ser hermano mayor.

“Don Miguel – nos dijo – pasó de ser persona de mucha riqueza a ser un pobre por propia voluntad. Creyó que el amor grande que le tenía a su esposa, le había impedido conocer el amor a Nuestro Señor Jesucristo. Mucha historia falsa e mucho mito se narra dél, que volviendo a Sevilla tras la muerte de su esposa, quiso entrar en nuestra hermandad, mas nadie le quería allí. En poco tiempo, fue admitido, que tal cosa no sucede si no hay unanimidad en las votaciones. Poco tiempo después, había demostrado tanto su caridad hacia los necesitados, que fue hermano mayor, construyó la nueva capilla de San Jorge contratando a los mejores artistas de toda Sevilla en el barroco, recogía personalmente a los menesterosos de las calles e construyó un hospital para ellos. E pensó había sido hombre tan malo e tan impuro, que en sus propias voluntades, escribió se le enterrase a la entrada del templo, de tal forma, que todo el que entrase pisase su cuerpo. E murió en la miseria, que de tal cosa estaba ya rodeado. Mas no se halla ya allí en la puerta, sino que tiene una cripta bajo el altar, pues se le venera y esperamos se le considere santo en breve”.

Así, y en oyendo tales palabras, quise saber de la labor del capitán e le pregunté:

“Bien veo que sabéis mucho de la vida del venerable don Miguel, mas, ¿qué sabéis de la vida del capitán?”.

E respondió con algo reserva:

“Más de lo pensáis sé del hermano Marino, pero poco puedo contaros, sino que sé es hombre joven e de vida luenga como no conozco otra (no hablemos de Matusalén). Amigo íntimo fue del venerable y en muchas cosas le ayudó; e siguió luego su labor como nadie la seguía ni la sigue. Quizá por ello me extrañe se diga agora que tiene compañera e hijo en menos de un año”.

“Erráis – dijo Su Ilustrísima pasando ya el Postigo del Aceite –. Permitidme narraros en breve lo ocurrido en todo este tiempo de su ausencia de la hermandad, pues fui yo mesmo quien le requerí a Ronda para que solucionara ciertos menesteres e, desta forma, también se solucionaban algunos asuntos suyos. Mucho ha viajado el capitán en este tiempo e por muchos apuros ha pasado e su vida se ha jugado. En sus viajes, conoció al licenciado en abogacía don Marcos, que nos acompaña, e tanto le atrayeron a éste sus modos, que decidió trabajar para él; mas, aunque esto no os concuerde, el servicio de valido de don Marcos se fue convirtiendo en una grande e sincera amistad. Hoy en día, paréceme no conocer a un hombre que siga a otro con tal devoción como don Marcos sigue al capitán. Compañera no tiene éste como decís, sino «compañero»”.

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