ntes del desayuno, ya estaba don Juan cantando alabanzas al plato que habríamos de comer en el almuerzo, pues no eran sino las llamadas «judías pochas». E los niños rieron al oír el nombre, pues, pensaron eran judías arrugadas o pasadas de su fecha. E así les dijo Su Ilustrísima:“Sin duda, no saben vuesas mercedes que no hay plato que más me guste, que aunque en Ronda las como casi todos los años, no son como estas de Grazalema”.
Rió Fermín sabiendo qué cosa era lo que íbamos a comer e continuó don Juan explicando de qué se trataba:
“Cuando las judías están en la mata e ni están verdes ni aún se han secado y endurecido (que es como comemos las judías blancas todo año), se les quita la vaina e se guisan con sus buenos aderezos, de tal forma, que ¡es maravilla catarlas! Una vez las probéis, quiero me digáis si razón tengo o yerro. Espero sepa María, como buena grazalemeña, darles su punto, que es alimento éste digno de gustar”.
“¿Queréis decir – preguntó Marinín – que esas «judías pochas» hay que arrancarlas de la mata justo a tiempo e que sólo pueden comerse una vez al año?”.
“Tal os digo – respondió don Juan – e bien puedo aseguraros que no hay manjar que más disfrute yo en el yantar”.
“Pensad agora en el desayuno – les dije -, que tiempo habrá para disfrutar de éstas otras. E sabed voy mañana a Sevilla con don Diego a compraros los uniformes para la escuela, que, según colijo por su precio, debe ser lugar de enseñanza muy especial, pues sólo el uniforme de Marinín, me costará hasta cinco veces lo que costó toda la ropa de los dos saltamontes. Así pues, entre churros, pochas e uniformes, no quiero oír quejas”.
E rieron los chicos, mas noté cierta seriedad en Fermín. ¡Cuántos niños, que en sus mentes guardan una sabiduría profunda, no llegan a pisar la escuela que deberían!
En Grazalema y a veinte y dos de agosto del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario