sí que hubieron pasado muchos días de holganza y solaz para todos en el mes de julio, llegó el de agosto. Pensaban todos que el tiempo del descanso se acababa, e no siendo así, algunos asuntos iban a tener mi tiempo en otros lugares y en otros menesteres.Compró Marcos una mesa y unas bancas de madera para sentarnos bajo un frondoso árbol del jardín, cerca del agua, e allí tomábamos la cena casi todos los días, que el tiempo de Grazalema es fresco algunas noches. E allí mesmo nos sentamos Marinín e yo mesmo en tanto Marcos llevó a Diego Jesús a dar un paseo al atardecer. E vino el pequeño a sentarse en mi regazo e puso su brazo en derredor de mi cuello, inclinó su cabeza e miróme con grande sonrisa:
“¡Mi papi! Acaso no hubieseis puesto tanto vuestro ánimo en mí si no fuese porque me veis educado, listo e sano. E para mí fuisteis primero mi capitán, e yo vuestro vasallo, mas cambiaron luego la cosas; e ahora sin vos no sé qué cosa hacer”.
E oyendo tales manifestaciones, le dije tomándole muy cerca de mí:
“Ciego, sordo e mudo os hubiera tomado por hijo, que ciego sordo e mudo ha de estar quien no se entregue a quien lo necesite; e vos necesitabais a alguien e lo habéis encontrado”.
“Os voy conociendo – dijo – e cuanto más os conozco, más necesito de vos. No sólo me dais aquello que necesito, sino lo que no pensaba nunca tener. Sois mi capitán, no lo dudéis, mas también sois mi papá, que otro no he conoscido e otro no quiero”.
E viendo que mi niño era sincero preguntéle:
“Así como decís que acaso yo no hubiese cuidado de vos de ser niño de poca educación o de poco talento o enfermo, me habéis elegido vos como padre, que no he sido yo quien os ha dicho que como tal me tratéis. E lo que pueda hacer (y lo que no pueda) haré por vos en cuanto a mi lado os halléis. ¿Queréis en verdad sea vuestro padre? Mirad que no habéis madre”.
“Para mí – contestó – la madre sobra, que antes de darme lo poco que necesitaba, era un gran quebranto”.
“En tales cosas – le dije – no habemos de pensar agora. Lo que necesitéis tendréis, que como mi hijo os tengo”.
E mirándome con extraño e sonriendo, me besó en la mejilla con sus labios de terciopelo que no podían disimular sus sentimientos, e dijo:
“Mi padre, el capitán, sois porque yo mesmo lo he querido, mas he encontrado una familia por añadidura, que tío Marcos como vos mesmo me trata e don Juan, el cura de la sotana parda y remendada, preocúpase por mí tanto como vos. Tengo nuevos amigos e deseo ya con ansias llegue el tiempo de ir a la escuela para los estudios, e desta forma veréis que no sólo me gustan los tiempos de holganza”.
“Nada nuevo me descubrís – le dije – que tan bien os conozco ya, que sé nunca me traicionaréis en estos menesteres. Y como cae el día y el jardín se obscurece, entremos a la casa, que han de estar al llegar Marcos e Diego Jesús, e una cena sabrosa nos espera; e os contaré a entrambos luego una historia que no vais a creer hasta que el sueño os venza”.
En Grazalema y a siete de agosto del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario