31 agosto, 2006

De la lenta vuelta a la normalidad

iendo quedaba el capitán en profundo sueño recuperando su maltrecho pasado, pedí a Su Ilustrísima quedáse con él dentro de una hora por acercarme al hospital a quitar los puntos cosidos de Marinín; e hasta don Diego ofrecióse a cuidar dél e quiso el pequeño saltamontes venir con nosotros.

Tomamos el coche e salimos con rapidez hacia el Hospital General e no fue tan rápida la asistencia como yo había pensado, mas, entrados en la sala donde le harían la cura, encontramos a una joven mujer que habló a Marinín como si le conociera:

“No tengáis miedo pequeño Marino, que esto que voy a quitaros no duele. Echaos agora en esa pequeña camilla e levantad vuestra camisa. ¿Sabéis que destos quito muchos a niños como tú? Pues todos ellos son muy buenos e dicen esto no se nota”.

Así, echóse allí Marinín descubriendo su tripa e vino la mujer con unas pinzas e unas tijeras, e siendo yo no muy dado a ver tales cosas, quise hacer el esfuerzo por ver lo que le hacía, mas, antes de advertir cosa alguna, dijo la mujer al pequeño:

“¡Ea, Marinito! A casa podéis volver que esto ya está quitado. ¿Os ha dolido?”.

E viendo el niño que no había sentido cosa alguna, no sabía que decirle; e yo, que pensaba ver alguna cosa me hiciera caer al suelo, nada vi.

Paramos a la vuelta e le compré un mantecado fresco e seguimos luego hasta la casa e, al llegar al patio, encontramos al capitán sentado en una butaca e sonriente:

“¿Viene ya mi niño curado de sus males?”.

“Jo, papá – dijo el pequeño agarrándose con cuidado a su cuello – que cosa alguna he notado, sino que he estado una pieza corta echado en una cama”.

E le miraba Diego Jesús con asombro, pues no veía en él gesto de dolor ni cualquiera otra cosa.

Así, le dijo el capitán que debería cuidarse un poco e secar bien sus marcas e que él haría lo mesmo por estar todos sanos en poco tiempo.

Tomamos la cena en el comedor como era costumbre e parecía nada había pasado; con esto, dijo don Diego que, si la cosa iba mejorando, debería volver (al menos) unos días a Ronda e luego volvería a Sevilla para terminar los preparativos para la escuela. E oyendo esto, le dijo don Juan:

“Parece la cosa va muy bien; a Ronda iría yo unos días hasta que os fuese necesario volver, que he de restar yo en Sevilla por cuidarlos e por hacer algunas compras que ya me van siendo necesarias. No tengáis entonces cuidado, que del cuido puedo cuidarme yo mesmo. En cuanto a lo sucedido, dejemos unos días de descanso e solaz para todos e, volviendo don Diego, nos gustaría el capitán narrase la aventura vivida, que dello habremos de aprehender mucho”.

1 comentario:

  1. UN dia tarde del blog day, pero de todos modos te visiste y te recomende a mis lectores, saludos.

    ResponderBorrar