iendo quedaba el capitán en profundo sueño recuperando su maltrecho pasado, pedí a Su Ilustrísima quedáse con él dentro de una hora por acercarme al hospital a quitar los puntos cosidos de Marinín; e hasta don Diego ofrecióse a cuidar dél e quiso el pequeño saltamontes venir con nosotros.Tomamos el coche e salimos con rapidez hacia el Hospital General e no fue tan rápida la asistencia como yo había pensado, mas, entrados en la sala donde le harían la cura, encontramos a una joven mujer que habló a Marinín como si le conociera:
“No tengáis miedo pequeño Marino, que esto que voy a quitaros no duele. Echaos agora en esa pequeña camilla e levantad vuestra camisa. ¿Sabéis que destos quito muchos a niños como tú? Pues todos ellos son muy buenos e dicen esto no se nota”.
Así, echóse allí Marinín descubriendo su tripa e vino la mujer con unas pinzas e unas tijeras, e siendo yo no muy dado a ver tales cosas, quise hacer el esfuerzo por ver lo que le hacía, mas, antes de advertir cosa alguna, dijo la mujer al pequeño:
“¡Ea, Marinito! A casa podéis volver que esto ya está quitado. ¿Os ha dolido?”.
E viendo el niño que no había sentido cosa alguna, no sabía que decirle; e yo, que pensaba ver alguna cosa me hiciera caer al suelo, nada vi.
Paramos a la vuelta e le compré un mantecado fresco e seguimos luego hasta la casa e, al llegar al patio, encontramos al capitán sentado en una butaca e sonriente:
“¿Viene ya mi niño curado de sus males?”.
“Jo, papá – dijo el pequeño agarrándose con cuidado a su cuello – que cosa alguna he notado, sino que he estado una pieza corta echado en una cama”.
E le miraba Diego Jesús con asombro, pues no veía en él gesto de dolor ni cualquiera otra cosa.
Así, le dijo el capitán que debería cuidarse un poco e secar bien sus marcas e que él haría lo mesmo por estar todos sanos en poco tiempo.
Tomamos la cena en el comedor como era costumbre e parecía nada había pasado; con esto, dijo don Diego que, si la cosa iba mejorando, debería volver (al menos) unos días a Ronda e luego volvería a Sevilla para terminar los preparativos para la escuela. E oyendo esto, le dijo don Juan:
“Parece la cosa va muy bien; a Ronda iría yo unos días hasta que os fuese necesario volver, que he de restar yo en Sevilla por cuidarlos e por hacer algunas compras que ya me van siendo necesarias. No tengáis entonces cuidado, que del cuido puedo cuidarme yo mesmo. En cuanto a lo sucedido, dejemos unos días de descanso e solaz para todos e, volviendo don Diego, nos gustaría el capitán narrase la aventura vivida, que dello habremos de aprehender mucho”.


UN dia tarde del blog day, pero de todos modos te visiste y te recomende a mis lectores, saludos.
ResponderBorrar