29 agosto, 2006

De la historia del ratoncito Pérez

reparé a los niños para el descanso sin mucha ropa, pues en Sevilla aún hace mucho calor, e ya metidos en su cama les di las buenas noches e les dije hiciesen sus oraciones como era la voluntad de Marino e de Su Ilustrísima. Besélos a ambos e, cuando les decía iba a apagar la luz, me dijo Marinín:

“¡Tío Marcos! No os vayáis aún que una pregunta quiero haceros e sé a ella me daréis correcta respuesta”.

“Decidme, chiquitín – le dije - ¿qué queréis saber a estas horas? No quiero que nada os quite el sueño e de todo he de daros razón, mas, espero no haya de dar luengas explicaciones”.

“Os prometo – dijo con entusiasmo – que no he de preguntaros muchas cosas, sino que si la historia que cuenta tío Juan de ese ratón Pérez es tan cierta como dice”.

“¡Sin duda! – le contesté sentándome a su lado - ¿Vais a poner en solfa la palabra de un obispo que, además, es vuestro tío? Este curioso ratoncito Pérez, viene por las noches a retirar las piezas de los pequeños como vos que las vais cambiando; las colecciona en su casa, que es lujoso palacio en el hueco de un árbol e, a cambio, os deja un regalo. Tal cosa hará por cada pieza que se os caiga, pero, oídme con atención: vendrá a recoger cada pieza que se os caiga, no las que os arranquéis. Así pues, dejad que los dientes se caigan solos, los ponéis en la noche bajo vuestra almohada e le dejáis, si queréis, alguna cosita que comer, e os dormís como en los demás días. Al amanecer, mirad qué os ha dejado. E si quisiéredes alguna cosa que él pudiese traeros, a mí habréis de decírmelo, que con los niños prefiere no hablar”.

“¡Jo, tío Marcos! – dijo Diego Jesús - ¿Cuándo se me van a caer a mí los míos?”.

E dejándolos prestos para sus oraciones e sus sueños, retiréme con tristeza a mi estancia, pues, de momento, habría de dormir solo.

“Capitán Alacaída, ¿dónde estáis?”

En Sevilla y a veinte e nueve de agosto del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario