cercóse Chuti por comunicarme lo que habíase preparado para la cena e por saber si alguna nueva había, e le di primero las gracias e le dije luego no saber nada aún del capitán. Con esto, me hizo estas manifestaciones:“No sé si el capitán os ha contado que en su larga vida ha pasado muchas veces por cosas como esta o peores. Sé que no es hombre de narrar sus aventuras si no se le preguntan o salen en la conversación. No me preocuparía yo más de lo necesario; sólo es menester esperar, e mirad que desto sé mucho. Tranquilizad a los niños e aseguradle volverá”.
E viendo yo que aquel hombre sabía lo que decía e quería estuviésemos tranquilos, le dije:
“Ha pasado España por épocas peores que esta y supongo en ellas ha tenido mucho problema que resolver e lo ha resuelto. Os agradezco la advertencia; esperemos hasta que todo pase”.
“No sabéis, señor, las aventuras que hubo de correr a principios del pasado siglo, pues, siendo monárquico e sintiéndose muy español, nadie le quería. Los republicanos le buscaban para darle muerte por una cosa e, más tarde, el General Franco le buscaba por otra. Hubo de vestirse de mendigo y esconderse en cierto lugar cerrando esta casa porque los militares no le capturasen. Aún así, se salvó de ser muerto por unos, pero fue encontrado por los otros, metido en cajón y llevado a algún sitio que él desconocía. Vivió los momentos más peligrosos de su vida entera; e ya veis que dellos salió salvo”.
Confuso por lo oído e llegando la hora de la cena, le dije que habría de contarme algo más desa historia, que parecía este hombre conocer al capitán, pues poco o casi nada cuenta de su historia pasada.
Sentados ya todos muy quedos a la mesa, presidió ésta Su Ilustrísima, hicimos unas oraciones e dimos buena cuenta de una cena fresca que había preparado Catalina.


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