ras saludar al párroco, salimos de la iglesia de Santa María e dijo Marcos llevaría a Diego Jesús a comprar algunos dulces e que siguiésemos nosotros calle arriba hasta la casa. Era lo trazado; Marinín y yo nos quedamos solos, e así le dije:“¿Habéis dicho a Fermín que vaya hoy a casa? Supongo os gustaría la chacina que compramos ayer a su madre. Quiero decírselo yo memo, que es gustosa y al estilo grazalemeño”.
“Es tímido, papá – contestó – y vendrá un rato a jugar con nosotros, mas cree que no debería abusar de nuestra amabilidad y debería ir a comer a su casa”.
“Si esto hace por no dejar a su madre sola – le dije – no me parece mal, mas, si piensa es estorbo para nosotros, decidle que no lo es… a no ser que a vos os estorbe”.
“No, papá – dijo con asombro - ¿Cómo podéis pensar que a mí me moleste? Su mamá siempre está con sus tías; nunca se queda sola. Es mi mejor amigo”.
Y aprovechando esta frase, entré de lleno en el tema que quería tratar:
“Sin duda me lo parece, que a no a todos los amigos se les besa como lo hicisteis ayer al atardecer en el jardín”.
E noté agachaba la cabeza como azorado y, tomándole por la barbilla e mirándole a los ojos, le dije con dulzura:
“¿Qué os pasa? ¿Pensáis acaso que esto me molesta o que voy a reprimiros? Escuchad con atención. Sois muy jóvenes, no sé si tenéis claras ciertas cosas. Cuando un hombre, mayor o pequeño, besa a otro hombre no lo hace por nada. Tal vez vos lo hacéis como un juego”.
“No es aqueso – respondió más tranquilo – Es para mí Fermín algo más que un amigo; e igual le pasa a él conmigo. ¿Es acaso pecado esto que hacemos?”.
Y para dejar todo bien claro, di estas explicaciones:
“Cristiano sois y dice la Iglesia que tal tipo de relaciones entre humanos sólo debe existir dentro del matrimonio, es decir, entre hombre e mujer casados. Mas paréceme que la naturaleza va a veces por otro lado. Si lo hacéis como un juego placentero, no veo mal, pues en agosto partiremos para Sevilla y en septiembre comenzaréis vuestros estudios. Si en verdad lo amáis, todo es algo más complicado, pues no vais a poder estar juntos mucho más tiempo y os echaréis de menos”.
“Tal como lo decís – apuntó – en pecado estamos según la Iglesia, mas veo lo tomáis como algo natural”.
“Natural es, hijo – le dije -, mas pienso yo que esas relaciones son íntimas y como tal, han de hacerse no estando a la vista de los demás, que cuanto mejor os conozcan, peores enemigos vuestros serán. En cuanto a la separación, Dios dirá si lo que decís es amor tan fuerte que aguante distancia. Sed feliz, mas no haced daño alguno a nadie sino en vuestra propia defensa”.
En Grazalema y a veinte y tres de julio del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario