05 julio, 2006

De las primeras horas en Grazalema

ue al amanecer cuando puede observar que la casa arrendada era espaciosa, cómoda e muy moderna, sin faltar en ella detalle alguno que fuere menester. Poco tiempo tardaron en aparecer unos mozos con un coche grande e todas las cosas que habían quedado abandonadas en mi casa, e les dije pusiesen todas cajas e maletas en un amplio rincón del salón (frente a la chimenea) e que ya el servicio se encargaría de poner cada cosa en su sitio. Al poco, apareció el servicio (que había estado casi toda la noche ocupado haciendo preparativos) e al otro poco, bajó Marcos, e mirando lo ya hecho, quedó asombrado, e le dije:

“No tendríais por qué haberos levantado tan temprano, han sido dos días demasiado movidos e agora deberíais descansar. Nuestros enseres ya están aquí e todo se colocará en su sitio”.

“Tomemos pues un desayuno – dijo – e visitemos luego la parte posterior de la casa, que según me han dicho, es maravilla de ver”.

Y esto hicimos, que sentados en una gran mesa que en el mismo salón se haya junto a una ventana, se nos sirvió un desayuno de la tierra. E después de una corta sobremesa, salimos por un amplio pasillo a otra sala y tenía ésta grandes ventanales que daban a una preciosa terraza que era como jardín; y en su centro, hallábase un estanque destos de aguas azules (los llamados «piscinas»). E todo esto me hizo gran contento, que prefería tener a los niños a la vista e no tener yo que estar sentado en una incómoda silla e vigilando. E al hablar de la comodidad de las sillas, me hizo pasar Marcos al jardín, e bajo una bonita cubierta había butacas muy simples de madera e loneta y eran éstas tan cómodas, que tanto servían para un pequeño descanso que para una larga siesta.

Así, nos sentamos en dos dellas e respiramos hondo, que el cansancio era grande. E puso Marcos su mano sobre la mía e luego me miró sonriente e dijo:

“Habéis cambiado de sello e nada habéis dicho. No es lugar tan pequeña presea para poner un «chivato» desos, pero deberíaseme haber comunicado tal cambio, que la ciencia es hoy muy complicada e hace cosas más que increíbles”.

“El problema, querido Marcos – le dije –, sólo está ahora en cuidar de cada aviso, por si hubiese alguna otra emergencia, pero seguro me siento”.

“Así paréceme – contestó – que os dije no publicarais ni cuándo ni dónde estábamos ni qué cosa hacíamos, pues eso que publicáis no sólo lo leen aquellos que tienen grande curiosidad por saber vuestra vida e vuestras aventuras, sino que cualquier persona del Orbe – buena o mala – sabe lo que hacéis. No vais a dejar de contar con mi ayuda para publicar esto correctamente, sino sólo os digo lo que pienso”.

“Publíquese pues lo que escribo – rematé – que si alguien apareciere no con muy buenas intenciones, cruzado será de lado a lado, junto con su compaña, por mi toledana, que agora sé que hay quien nos vigila día e noche por salvar nuestras vidas”.

En Grazalema y a cinco de julio del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario