04 julio, 2006

De la vuelta a la vida

n el lugar de hospedaje que teníamos, encontramos a los niños dormidos, mas, no habiendo comido nada, los despertamos e los llevamos a una calle cercana donde había mucho mesón donde elegir. E fueron ellos los que pidieron entrar en un lugar extraño al que llamaron «pizzería», e así comieron e bebieron e volvieron a sus caras las alegría y el contento:

“¿Y adónde vamos agora, papá? – preguntó Marinín –. Tanta sorpresa junta nos tiene con gran desconcierto”.

“A donde os prometí estaríamos en este mes, hemos de volver – le dije –, que el problema que allí teníamos ha desaparecido gracias a un gran amigo nuestro. Pensad en él como si pensarais en nuestro ángel de la guarda. Es tarde, ya lo sé, mas habiendo coches como estos, que más que rodar vuelan, esta mesma noche llegaremos a Grazalema. E alguna cosa más habréis de saber, pues ha encontrado Cayetano una casa que tomaré en arriendo y es tan grande e acogedora como la casa de Ronda. Ordenaré se lleven allí, mañana mesmo, todas vuestras cosas”.

E se abrazaron los niños e hubieron gran contento por lo oído, e al cabo, preguntó Diego Jesús:
“¿Sabe mi abuelo dónde estoy e lo que ocurre?”.

E viéndole con preocupación, le dije:

“Desde el primer momento está informado de lo sucedido e hame dado permiso para hacer cuanto crea menester. Así, que también sabe ya que volvemos al pueblo e me ha dicho que irán los abuelos a veros mañana o pasado mañana y os llevarán regalos”.

“Jo, papá – exclamó Marinín –. En todo estáis y nada se os va de la vista”.

“Alguna cosa se me escapa, hijo – le dije –, pero no dudad nunca de vuestro capitán”.

E luego desto preparamos el viaje para la vuelta.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario