22 julio, 2006

De la visita de los abuelos y don Juan (3)

entados a la mesa para el almuerzo, oí a Fermín hablar algo sobre los dos barrios o divisiones del pueblo. Los habitantes de la parte media baja eran llamados antigüamente «jopiches» y los más humildes de la parte alta, «jopones». Mi casa se encuentra en la Calle de las Piedras, cerca de la plaza, en el barrio jopiche, pero jamás llegó a mis oídos discriminación alguna hacia los jopones ni caso contrario. Fermín era un tímido y encantador niño jopón amigo fiel del hijo de un jopiche. Así, les expliqué el origen destos nombres, que aunque aún son de uso, no dividen a los grazalemeños; los unen.

El pequeño jopón Fermín, con su cabeza muy baja por su timidez, estaba sentado junto a Marinín, que quedaba entre ambos amigos. Viendo que no había costumbre de almorzar a nuestro estilo sevillano, le dije a mi niño que le fuese indicando cómo hacerlo, pero siempre dejándole comer a su estilo si ello prefería. Y habló don Juan:

“Empéñanse ahora estos politicastros en separar dos partes que siempre han estado unidas, pues jopones y jopiches eran y son parte de una misma familia; y donde un padre es jopón, la madre es jopiche. No dividamos lo que nunca estuvo dividido”.

“Clases siempre ha habido, Ilustrísima – apuntó don Diego –, pues somos nosotros mismos los que las creamos. Mas vivan las clases si llévanse entre ellas como hermanos y no como rivales. Aquí no hay más que grazalemeños buenos y malos; y destos podemos encontrarlos arriba o abajo. Un humilde carpintero jopón de hace unos 25 años, llegó a alcalde desta villa, y a base de quién sabe qué negocios, tiene ahora muchas propiedades y mira por encima del hombro al resto de sus paisanos; casi con desprecio. ¡Nadie me venga a contar cuentos que demasiado bien conozco! ¿De qué familia eres, hijo? – preguntó a Fermín – porque esta que está aquí, sea jopón o jopiche, es tuya y, con la venia del capitán, aquí tenéis vuestra casa, sea del barrio alto o del bajo, que a mitad del pueblo se halla”.

“Jopón soy – contestó muy quedo Fermín –. Humilde mi padre jopiche y humilde mi madre jopona. Tenía mi padre cabras y huerto pequeño e mi madre fabricaba chacina para vender a los forasteros. Muerto mi padre, las cosas empezaron a ser más difíciles, mas podemos vivir”.

“Vaya un sirviente – dije en voz alta – a acompañar más tarde a este chico a su casa y compre un buen surtido de viandas, que habremos de probarlas todas; chorizos, morcillas, morcones, queso. Y regaremos esto con pirriaque”.

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