ino temprano Cayetano, el criado que para esta casa tengo, a decirme algunas cosas sobre el trazado que yo tenía pos haber problemas en esta casa, e dijo:“Capitán, disculpadme si lo que os voy a decir os disgusta, mas en la pequeña casa que tenéis en la plaza no puede alojarse el servicio e tendríamos que restar en esta aún estando en obras o tener nuestros aposentos en casa distinta. Y he preguntado a los obreros que harían los cambios e no podrían comenzar su labor hasta el día diez deste mes (e haciéndonos un gran favor). Por tanto, no estarían las obras terminadas hasta dentro de un mes, o quizá más. Quisiera deciros, que esta casa, si habéis venido solo, es acogedora como ninguna otra, mas hízose mal la obra en su momento e no es agora la que necesitáis”.
“Algún remedio – le dije – ha de tener, que no es de razón vivir un mes en lugar donde todo se oye como si al lado estuviese”.
E partió luego e quedé meditando en la solución hasta que se llegó Marcos e le hice los comentarios que a este problema atañían, e así me dijo:
“Puede aumentar mucho los gastos, mas no veo otra solución que la de mudarnos al hostal. Ni veo conveniente que todo se oiga ni tampoco parécenme los baños adecuados, que estos niños andan jugando hasta cuando duermen”.
“¿Qué cosa haríais vos, entonces? – preguntéle – que eso del hostal tampoco me parece atinado”.
“Hay varios en Grazalema – dijo –; unos más lujosos e completos e otros más humildes. Podríais, en todo caso, mirar cómo están preparados”.
Quedé pensativo una pieza, que teniendo dos casas en el pueblo no era de mi agrado mudarnos a ninguna fonda, mas, no viendo luego otra solución, pedíle preguntase por los servicios e los veríamos entrambos antes de mover equipaje alguno.
En Ronda y a dos de julio del año de dos mil e seis.


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