i desoigo a Marcos ni nada nuevo he de contar, sino que pasamos unos días de solaz sin apenas cosas que contar, sino los largos paseos al amanecer por los montes (aunque ahora en este bello lugar hay partes que ya no pueden visitarse). Siguió viniendo a casa a medio día Antonio, el joven repartidor del pan, e fizo grande amistad con los niños e con ellos pasaba toda la tarde. Hablé con la señora alcaldesa (es agora mujer) e dióme permiso para visitar algunas partes
cercanas de la sierra, así, llevé a los niños a ver la fuente Mahón, que al pié del Peñón Grande se encuentra, subimos hasta lo alto del monte donde se halla una imagen del Corazón de Jesús (que fue allí puesta en los años setenta del siglo pasado; visitamos, más arriba, la ermita del Calvario, que hállase casi en ruinas y, pasando a la parte trasera désta (la que no puede verse desde el pueblo) mostréles los agujeros que en su pared hay, pues fue allí donde se ficieron los fusilamientos durante nuestra última guerra civil. Pequeño quedó el pueblo y muy deshabitado desde la invasión y expolio francés y las grandes reyertas e crímenes de la llamada Segunda República de España; desta forma, la ciudad que ya llamárase Lacíbula en tiempos de la Hispania romana, Gran Zulema durante la ocupación del moro y Grazalema luego, pasó a ser en la Reconquista, por Ponce de León e luego su viuda, una esplendorosa ciudad industrial, donde se fabricaba el paño para gran parte de España. También visitamos los escasos talleres que aún persisten y donde aún se confeccionan los hábitos para las monjas de La Cruz, de Sor Ángela (ahora santa), en Sevilla; que era ésta nascida en esta ciudad.Celebramos con los lugareños las fiestas de Nuestra Señora del Carmen, que no siendo Grazalema pueblo de mar, celebra sus fiestas, pues cuéntase, que ciertos marineros perdidos en el océano Atlántico, vieron a lo lejos un monte en el horizonte e pudieron llegar a Cádiz, y, preguntando por aquella sierra de altura, les fue dicho que tratábase del Monte Pinar o de San Cristóbal. Así pues, vinieron a Grazalema y regalaron grandes presentes entre los que se conserva un muy grande collar que lleva Nuestra Señora de los Ángeles, que siendo de talla pequeña, necesita se recoja la sarta en dobleces por su enorme tamaño. Así, se celebra una devota procesión por las calles del pueblo, siendo el lunes siguiente la gran fiesta que llaman del
«toro de cuerda», pues recorre las calles un toro amarrado por sus astas a dos gruesas maromas que los mozos halan por llevar al animal hacia los lugares deseados. Antonio, que siendo muy joven siente el fervor de las fiestas grazalemeñas, quiso llevar a los niños a las calles para acercarse al toro e correr con él, mas a esto neguéme, que me parecía más seguro verlo pasar majestuoso desde dentro le los cierros de la casa.Así, entre paseos por lo natural que nos rodeaba y la celebración de las fiestas, pasaron los días. Y unióse Antonio a las clases que mis niños daban a diario e la color de sus pieles se iba trocando morena, hasta el punto de que Marino comenzó a parecerme un niño sano grazalemeño:
- ¡Cuán bello os estáis volviendo! – le dije – Algún día, alguien pondrá sus ojos sobre vos y - ¡quién sabe! – compartiréis vuestra vida.
En Grazalema y a diez y ocho de julio del año de dos mil e seis.


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