l lugar del encuentro era conocido para Marcos, e lugar tranquilo e no lleno de gentes que pudieren oír alguna cosa. Sentados en mesa retirada, comenzó a hablar el inspector:“No es mi misión, ya lo sabéis, guardar vuestras vidas, mas, es tal el favor que me habéis hecho, e tengo permiso de mis superiores para hacer lo que hago, que no he cesar en este empeño hasta que pueda deciros estáis a salvo”.
“Vienen los niños muy cansados de tanto movimiento en la noche – le dije – y ha buscado don Marcos lugar donde dejarlos a salvo e descansando, que no me gustaría oyesen cosas que pudieren asustarles”.
“Bien habéis hecho – respondió – que hemos de hacer algunos trazados e más apropiado es que ellos no lo sepan, pues aún siendo muy agudos, más agudos son estos malhechores”.
“El viaje ha sido difícil – dijo Marcos – que no es la carretera fácil ni tampoco el moverse de noche por el campo. Esperemos podamos tener alguna solución, pues descubierto el artilugio que quedóse en la casa, pienso que estos buitres, como decís, seguirán sin cejar en el empeño de dar con nosotros e no con muy buenas intenciones, a lo que veo”.
Y echóse a reír el inspector aún teniendo la boca llena. Hizo un gesto para que esperásemos tragase lo que comía e dijo:
“Éstos que os persiguen saben cómo hacerlo; mas sé yo también cómo he de actuar, que los años enseñan a uno más cosas que los libros. No tened cuidado, que se irá haciendo una limpieza y, hasta tal punto, que desistirán en la búsqueda”.
“Mas descubriendo ellos hemos hecho este truco de dejar el aparato abandonado – dijo don Marcos – ya buscarán otros medios para buscarnos”.
“He de aclararos primero, señores – contestó severo – que me parece saber quienes son e luego, deciros que en cuanto salisteis de la casa en ella entró uno de mis grupos. E no es este grupo de los que ponen grilletes y encarcelan a los asesinos que saldrán al poco a la calle en busca de sus víctimas hasta acabar con ellas”.
“¿Qué cosa hacen pues? – pregunté – que si no es en presidio ¿cómo se les mantendrá alejados de nosotros”.
E con grande misterio e hablando muy quedo, dijo el inspector:
“De una tumba no se sale”.


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