legados que fuimos, nos acercamos todos a beber con cuidado, que apretaba el calor e salía el agua helada. Mojamos primero las muñecas, las manos e un poco el cuello, e luego, puso don Juan agua fresca sobre todas las cabezas.Partimos desde allí por la carretera abajo hasta acercarnos al río, e cruzando el puente, parecióme no estaba allí la familia que yo conocía. Entramos pues con prudencia e sin hacer mucho ruido e subimos luego por la trocha que va junto al río. Viendo yo que Diego Jesús jugaba con las ramas de las plantas, advertíle que no tocase aquellas de flores llamativas que junto al río se hallan, pues son adelfas e contienen sustancias venenosas como pocas otras.
Mostróle Marinín el nascimiento del río, las corrientes de agua e las moras que caían e se ponían muy frescas en el manantial. E a la sombra del gran árbol, nos sentamos el resto por descansar un poco, que no está don Juan para andar mucho por los campos.
“Con esta agua tan fría – les dije – habéis de poner cuidado, que aunque alivia el calor, podéis tomar un constipado; e no quiero a nadie enfermo”.
Partimos luego Marcos e yo a mirar de nuevo las rocas donde aquel rayo cayó y, al acercarnos a la base dellas, encontré tirados unos papeles, e acercándome, vi no eran sino de haber envuelto alguna cosa (comida tal vez). Mas, al mirarlos con más detenimiento, volví a tener una nueva visión: las cartas en clave que me escribiera mi tío don Álvar, que no tenían ni nombre ni data mi rúbrica. Mas desto no dije nada.
Al volver hacia la fuente, parecióme oír a los niños decir cosas que yo no entendía, mas conforme me iba acercando, descubrí que hablaban en perfecto inglés entrambos, e les dije: “What are you talking about now?”.
E mirándome con grande asombro. Dijo Marinín:
“¡Papá!, ¡inglés sabéis hablar e no me lo habéis dicho nunca!”.
E Marcos e don Juan me miraron con grande extraño, e dije entonces:
“Otras lenguas más sé, mas no he de decir agora cuántas ni cuáles, que mis viajes e mi tiempo he tenido para aprehenderlas”.
“Jo – espetó Diego Jesús dirigiéndose a Marinín –, tenéis pues un padre sorpresa”.
En Ronda e a veinte y cinco del año de do mil e seis.


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