stando fresca la noche, desnudé a los niños e les puse la ropa de dormir (a la que llaman «pijama») e les ordené se metiesen en la cama y, haciendo esto e tapándose con un cobertor suave, dijo Diego Jesús:“Capitán. Algo hame contado Marino que no creo, e pienso lee muchas historias”.
E Marino, tomándolo fuerte contra sí, le dijo algo al oído. E con esto, le dije al pequeño:
“Decidme, saltamontes, qué cosa os ha dicho e yo os diré si es cierta. Os prometo a entrambos que lo que ha de hablarse agora e aquí será un secreto entre nosotros, mas también vosotros deberéis guardarlo. Preguntad entonces e yo responderé. E dijo el niño:
“Dice Marino que, aunque parecéis joven, habéis cumplido muchos más años ¿Es tal cosa cierta?”.
“Marino no miente – le dije – y ese es el primer secreto que ha de quedar en esta estancia”.
E mirando primero a mi pequeño, sonrió e volvió a preguntar:
“¿Y es cierto que tenéis quinientos años?, pues cosa tal me parece de cuento”.
E pensando un poco que además de ser secreto debería decir la verdad, le tomé la mano e le dije:
“Mirad lo que os digo. A veces no son las cosas como suelen ser, pues hombre alguno vive algo más de cien años, y ya es mucho. Mas otras veces, encontraréis en la vida a gente que muere antes o después. No es esto cosa de magia, sino de la voluntad de Dios Nuestro Señor; e ni yo mesmo sé por qué pasa, pero he de deciros, que el día veinte y tres de febrero cumplí, si mal no recuerdo agora, quinientos e ocho años”.
“¡Jo, Marinín! – dijo el pequeño – ¡sois verdadero!, que a vuestro padre creo cada cosa que dice e ahora creo en vos”.
“Pues si me prometéis guardar este grande secreto – les dije -, os narraré por las noches historias bellísimas, misteriosas, terroríficas o increíbles, que en tantos años, muchas historias se viven”.
En Ronda e a veinte e ocho de junio del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario