l corto recorrido hicimos hasta llegar a la Catedral entrando por la calle Alemanes hasta la Plaza de la Virgen de los Reyes, e había mucha gente esperando la entrada, que no es libre para visitar algunas partes, e pensando don Juan subiríamos a la torre y que la subida fatiga a los jóvenes, decidió entrar a las partes de culto por saludar allí a la gente que conoce.
No hubimos de esperar mucho para entrar pasando al Patio de los Naranjos e preguntaba el pequeño por todo cuanto veía, hasta por el cocodrilo y el cuerno de marfil que de un alto techo se hallan colgando. Temíame yo más que la subida final, pues los vértigos me pueden e pude comprobar que ganábamos altura e no había aquel sentimiento. Y preguntaba Marcos por qué no había escalones para la subida e aquesto le dije:
“No construíanse antes las subidas con escaleras, sino desta otra forma, mas, siendo esta la más grande y la más fuerte torre deste estilo, hasta a caballo podía subirse, pues treinta e cinco rampas destas habremos de recorrer para llegar a lo más alto, donde ha su comienzo el remate y está el campanario; e son más estrechas estas de abajo e más anchas las de arriba. E más arriba del campanario no está permitido el subir, que casi a los ciento metros se llega”.Asomábanse ellos a los pequeños balcones de la subida y esperaba yo pegado a la pared central. Y terminado el recorrido, salimos al campanario e por allí dimos varias vueltas e vimos donde estaba mi casa y toda Sevilla, que es agora ciudad muy grande e piérdese allá donde la vista llega.

“Bajar será más fácil, papá” – dijo Marino de contento –, mas viendo luego que si no ponía freno a sus pasos se comía las paredes, nos tomó a entrambos de las manos e así bajamos.
Cruzando ya abajo un pequeño espacio que hacia la izquierda hay, entramos en la Catedral, e tras unos cordones que cortaban el paso, hallamos en espera a don Juan, y vino un hombre de la guardia e dejónos el paso franco, e con él nos fuímos; e iba el pequeño narrándole lo visto:
“¡Dentro de la campana de Santa María caben hasta diez niños como yo, tío Juan!”.
En Sevilla y a cuatro de junio de dos mil e seis.


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