l ver la luz de la mañana, asoméme al patio por notar la temperatura del nuevo día e vi a Chuti preparando las amarras de la vela y a él acerquéme e le dije:“A fe que cuando os veo preparando tan temprano estas cosas es porque ya sabéis como yo qué día viene, amigo”.
“Sin duda, capitán, - respondió sin dejar sus tareas – que el termómetro está alto ya y no ha subido el sol hasta el meridiano. En pocos días hemos pasado del mucho frío al demasiado calor y si vais a salir hoy a algún paseo, os aconsejaría yo volvieseis a medio día e restaseis en casa la tarde, que ha de ser éste día de tanto calor, que no creo sea adecuado llevar a la calle a los que no conocen «la caló» de Sevilla”.
“No preocuparos – repuse – que si salimos lo haremos para volver a medio día y otro paseo no daremos hasta que se haya puesto el sol. Es hoy día de llegar a los cuarenta a la sombra e de quedar la calle tan caldeada, que hasta de noche se sentirán los sudores”.
“Lleváralos yo – apuntó –, si aún no lo habéis hecho, a dar un paseo por la Judería y el Barrio de Santa Cruz, que más adecuado está eso para un día como hoy”.
E viendo yo no era mala la idea salimos hacia la Plaza de la Virgen de los Reyes a poco de dar buena cuenta al desayuno. Cruzamos luego hacia la Plaza del Triunfo e nos adentramos por las
murallas de los Alcázares al llamado Patio de Banderas. Entrando luego por la Calle de la Judería, que al fondo se encuentra, cruzamos el pasaje y entramos en las calles estrechas y frescas, que así fueron construidas hace siglos porque no entrase el sol durante el día e no se sintiese el calor..Y es este paseo largo e de mucho ver e de mucho asombro para el que no lo conoce e así, preguntóme Marcos cómo todas las casas estaban pintadas siempre en los mismos colores, e así le dije:
“No es capricho el uso de estos colores, que son siempre el blanco de la cal, el amarillo del albero y el rojo obscuro del almagra. El blanco llena casi toda la pared, pues desta forma no se calienta al darle el sol e los gruesos muros mantienen fresca la casa en verano e cálida en invierno. E los otros dos colores son tierras que sólo por aquí se encuentran”.
“Así pues – dijo Marino – ¿esa tierra amarilla que hay por muchos suelos no es teñida de color?, que bien extraño parece ver toda una plaza con el suelo amarillo e cosa así no he visto en otros sitios”.“Dificultoso sería – le aclaré – pintar tanta tierra de color e dificultoso es ver esta tierra al alejarse de Sevilla, que sólo en Alcalá de Guadaíra – que es ciudad cercana a esta - hay canteras donde se extrae. E mucha tierra desta se necesita para llenar una plaza. Mañana la veréis en sitio tal que no olvidaréis en mucho tiempo”.
“Y según paréceme – apuntó Marcos – una fábrica de perfumes o un bazar debe haber por aquí cerca, pues el aire huele”.
“Sobre vuestras cabezas – contesté – en esas plantas que cuelgan, tenéis la fábrica del tal perfume, que no es otra sino la flor del jazmín”.
A casa volvíamos al medio día cuando apretaba el calor e todavía seguían el extremeño y el castellano haciendo preguntas.
En Sevilla y a ocho de junio del año de do mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario