22 junio, 2006

Del aviso a don Fernando de Marcos

io Marcos aviso por teléfono e noté dábase la vuelta e luego salióse al patio e pensé no quería oyese yo lo que hablaba. E no andaba muy equivocado, pues al poco, pasó al salón, tendió su mano con el móvil y espetó:

“Hay alguien que con vos quiere tener unas palabras de buen grado; vuestro sobrino don Fernando”.

E tomé el teléfono pareciéndome ya qué cosa se iba a tratar:

“Capitán – dijo –, ¡cuán abandonado me tenéis!, que muchas nuevas cosas sé han ocurrido e pocas dellas me comentáis”.

“No tal – contesté –; que sabéis que aunque con vos no hable tan a menudo como quisiese, siempre pregunto e me intereso por vuestro estado”.

“Así lo creo – dijo – e así se me ha dicho, mas no me decís vos algunas cosas que sí quisiera saber, pues hame narrado don Marcos que, por primera vez, os ha visto cara de enfermo e no vayáis a decirme que esto no es cierto”.

“Nada voy a negaros – respondí – que humano soy y a veces también el cuerpo se me descompone. Seguro estoy de que anda don Marcos más preocupado por mí que yo por mí mismo, que nada importante ha ocurrido”.

“De cierta amnesia me habla – dijo con más gravedad – e de que habéis recuperado ciertos recuerdos perdidos. Sin duda, no es esto motivo para preocuparse, sino para alegrarse, pues recuperar cosas perdidas va siempre en beneficio de uno mesmo. Decidme, ¿qué cosas son estas que habéis recordado?”.

“Sin duda, en algún momento – expliqué – estando casi dormido, algo muy fuerte me despertó e algunos recuerdos quedaron en el olvido”.

“No es de extrañar – señaló – pero paréceme que si eso tan fuerte que os asustó fue un rayo que a vuestro lado cayó, también podría haber cambiado ciertas cosas; y es aquí, capitán, donde me gustaría, siempre que vos mesmo quisiéredes, hacer alguna prueba, que tales descargas en un cuerpo pueden hacer también otras cosas”.

“Así será – le confirmé – y no he de negarme a las tales pruebas si en un ataúd como el de la última vez no se me mete, mas, ¿podría esperar esto algún tiempo? Tengo ahora casi en mis manos muchos datos que barajar”.

E ya despidiéndose (porque alguien parecía llamarle), dijo:

“Puede esperar, no tened cuidado, mas no echadlo en olvido, que también estas pruebas podrían aclarar muchas cosas”.

E ya así nos despedimos, e devolviéndole el teléfono a Marcos, le dije:

“Cuando yo quiera hablar con don Fernando, querido amigo, yo mesmo lo llamaré”.

En Ronda y a veinte y dos de junio del año de dos mil e seis.

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