13 junio, 2006

De un día de San Antonio muy ajetreado (3)

ncontré en casa a Chuti esperando en la puerta e, viéndome de entrar, cerró los grandes portones de madera y corrió el grueso cerrojo. E vino hacia mí corriendo Marino entre llantos e me miraba preocupado Marcos e Su Ilustrísima no sabía qué cosa hacer. Así. Intenté se sosegasen, pues les dije que todo se había arreglado, mas, viendo que aumentaba incluso el número de pendencieros, ordené se preparase el equipaje al punto e subí corriendo a las azoteas. Da una a la Calle de Argote de Molina (aunque no deja ver mucho por su estrechez), otra, que por encima del apeadero o cochera queda, deja ver otra parte desta calle e la salida y otra que deja ver la Calle Estrella completa. Nada parecióme observar e bajé corriendo para ser de ayuda.

Como ya sé que la carrocería destos coches es débil, busqué un colchón fino e flexible de algodón puro, que para otros menesteres tengo e ordené se pusiera en el asiento trasero del coche.

Dentro de algo más de media hora, todos, asustados, pasamos al garaje. E Marcos e yo subimos en los asientos que delante quedan y atrás subieron Su Ilustrísima y el pequeño, llevando el colchón a sus pies e siendo advertidos de que cumpliesen las órdenes que se les diese en cada momento.

Puso el servicio el equpaje en la caja que llaman maletero, de tal forma, que hiciesen una gruesa pared desde la parte trasera del coche. Así, preparamos también nuestros teléfonos por estar siempre informados (que nunca los vi tan útiles como en estos momentos).

E abrió Chuti de espacio el portón e miró primero en las calles por una esquina e por la otra e nos hizo señales de salir. E con esto, pedí a Marcos saliese a gran velocidad e siguiese siempre mis órdenes sobre las calles que habríamos de tomar. Y dentro de otra media hora salía el coche a los campos e miraba atrás yo por ver que ninguno otro coche nos seguía.

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