stuvo esta tarde el pequeño con nosotros, pues el calor apretaba un poco a la hora de la siesta e dejó sus juegos para más tarde. Y, en cierto momento, insistió don Marcos en la relación que entre fuente y juventud había, e mirando primero a Marinín, creí oportuno no estuviere presente por no oír la historia que yo iba a narrar, mas, con grande entusiasmo, se asió fuertemente a mi brazo e pidióme le dejara oír aquello que yo iba a contar. Así pues, le dije:“Adulto os creo para algunas cosas, e si vos mesmo adulto os creéis para oír ciertas historias, podéis sentaros y escuchar, mas, no vengáis esta noche a mi cama asustado recordando lo que vais a oír. ¿Prometido?”.
E con un leve movimiento de cabeza, volvióse a su asiento e restó quedo esperando aquella historia.
Levantó don Juan la mirada de su libro e parecióme ver en sus ojos una como advertencia, mas continué mi trazado e comenté a relatar:
“Tantos e tantos locos han intentado vivir por siempre, que han llegado a hacerse cosas macabras. E cómo no iba a estar relacionada esta historia con Toledo, que ya sabéis que mucho se habla della como la ciudad de los magos e brujas e otras cosas peores, como la necromancia. Así pues, algunos métodos inspiraron a algunos destos locos en la naturaleza para nacer de nuevo. Allá por el año de 1434, un tal don Enrique de Villena, que además de escritor era nigromante, sintió que llegaba la hora de su muerte e llamó a su criado negro, que además era íntimo amigo suyo, e le dio las siguientes instrucciones: «Cuando muera, habréis de descuartizarme en pequeños trozos e minuciosamente e meteréis estos trozos en una cuba que he preparado al efecto donde se encuentra una pócima por mí mesmo descubierta e que se halla enterrada en estiércol porque conserve el calor. E luego desto, tomad mi sombrero y os paseáis por Toledo con él, de forma que crea la gente que soy yo, pues nueve meses ha de durar el proceso». Así pues, el fiel criado, estas cosas fizo, e salía siempre por la ciudad cubierto con el sombrero de su amo y por éste era tomado. Mas tiene Dios los caminos muy bien trazados, y encontróse un día el criado con una procesión del viático que a alguna casa se desplazaba; e no podía quedar cubierto, por ser esto grande irreverencia. E un vecino de la ciudad, quitóle el sombrero e descubrióse que no era aquél don Enrique, sino su criado negro. Así, intervino el Santo Oficio por ver en estos hechos brujería e creer había matado a su señor. Y así también, fue la Santa Hermandad hasta la casa, descubriendo allí el grande montón de estiércol e, rompiendo aquella cuba que parecía obra del Diablo, se derramó por los suelos un viscoso líquido. E, según se cuenta, sobre él, flotaba un feto de pocos meses”.
En Ronda y a veinte de junio del año de dos mil e seis.


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