aía la tarde cuando volvimos a Ronda e parecióme ver gran contento en la cara de Marcos. E así viajábamos, así hablábamos. E dijo Marcos:“A fe, que en duda ponéis mi fe e mis conocimientos. Algo importante está sucediendo y este inspector lo sabe; e os cubre e os ayuda. Grave ha de ser el asunto para que haya venido a buscaros, sepa todo lo acescido e os muestre su apoyo e ayuda”.
“Sin duda, amigo Marcos, cosa rara parece todo esto, mas, sabed que bien sé lo que hago, que ni hay capitán como yo al que se le pueda retirar de su cargo, ni la guardia es necia. Narremos ahora lo ocurrido a Su Ilustrísima, que sí me parece confuso e piensa en pecados y cosas que no deben hacerse y en penas a pagar”.
Y entraba la noche cuando subíamos a la Ciudad de Ronda e, diciéndome Marcos que no podía él dar aviso por el teléfono, pidióme diese aviso yo de nuestra llegada; e esto hice, mas, poco después de hablar con él, me dijo quería hablar mi pequeño Marino, e a esto accedí:
“¡Papá! – dijo - ¿estáis bien ambos? ¿Cuándo habréis de volver?, pues larga se me hace la espera e sin vuesas mercedes me siento como solo”.
E viendo yo que estaba el pequeño muy preocupado, le dije:
“¡Adivinad!, hijo, que a Ronda nos acercamos e peligro alguno hay por qué tener cuidado; que pronto estaremos otra vez juntos e alguna cosa os llevo, que aunque no es de valor pecuniario, de gran contento os servirá. Decid agora a tío Juan prepare algún bocado para esperar a la cena, e mientras tanto, tío Marcos e yo, quitaremos el calor acumulado en Sevilla, que es mucho”.
E a esto contestó el pequeño e dio luego el móvil a don Juan:
“Agora mesmo he de decir os preparen el baño, e sabed no me importa mucho el regalo que traigáis, sino que viniendo vuesas mercedes, ya me complazco”.
E así, a pocos minutos de llegar a la casa, hubo gran regocijo e se hizo mucha fiesta; e cuando llegamos a la casa todo el servicio salió a recebirnos e, acercándome a Marino, tomé su mano diestra, besélo en la frente e puse en su mano una pequeña rama de romero del suelo que había pisado el Santísimo Sacramento.
E a esto preguntó con grande entusiasmo e felicidad:
“¿E decís que no tiene valor el regalo?”.
En Ronda y a quince de junio del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario