21 junio, 2006

De la visita al nascimiento (y 4)

antes de partir de allí, casi tomando ya la trocha hacia abajo, volvióse Marcos a mirar, e dijo:

“No puede uno imaginar en una ciudad llena de calles y de coches y de ruidos y de priesas que estas cosas existen. E otros sitios he visitado del campo, pero esto no es otro sitio; es «el sitio».

Y bajamos luego de espacio por no resbalar, que estaba el terreno húmedo, hasta donde la casa se encuentra. E volvió a salir la familia a saludarnos e anduvo Marinín viendo algunas flores e pájaros con la pequeña Paquita, que un poco mayor que él es, e nosotros contando lo visto e lo vivido. Y tras una gran despedida llena de parabienes (nos regalaron un cesto lleno de huevos frescos para el niño), partimos hacia Grazalema. E allí estuvimos el tiempo del almuerzo y una pieza por reposarlo; e pidió Marinín a un mozo pusiese los huevos en lugar fresco mientras partíamos:

“Metedme los huevos con cuidado en lugar donde no se malogren”.

E hubo alguna sonrisa ajena a don Juan, que miraba ya los carteles que anunciaban las fiestas del pueblo, que para el día del Carmen se celebran.

Así, ya en la vuelta, vi insistía Marcos en aquello de la amnesia y en que debería ver a don Fernando, e hube de pedirle no se hablase del tal asunto hasta el día siguiente, pues (cosa poco corriente en mí) sentía cansancio.
En Ronda y a veinte y uno de junio del año de dos mil e seis.

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