04 junio, 2006

De la provisión de Marino

entro de media hora estuvimos en el gabinete e pasamos luego al comedor, e agachóse el niño por ver la fuente, que rodeada de plantas e con la vela corrida, dan al patio un frescor único. Hubo puesto Catalina unos pequeños peces dorados en el agua, e anduvo aquel novicio pescador intentando asirlos; e no pudo. Así, le dije debería lavarse otra vez las manos e con Chuti fuése al antecocina, donde hay lavamanos.

Pasamos luego al comedor e fue servido el almuerzo, que dejó tanto a Marcos como a Marino con grande sorpresa, que se servía de plato primero arroz con calamares e ninguno de los dos lo había probado.

E fue muy larga la sobremesa y en ella hubo muchas pláticas y entonces, acercándose Chuti a mí con disimulo, me dijo le acompañase a la cocina e allí, me dijo que el niño le había dado orden de decirme dónde estaba el muñeco e que me fuese entregado.

Subí con Chuti de espacio por las escaleras hasta la sala donde se guarda el Santo Niño de Montañés e, acercándonos a la urna, contemplé con asombro cómo estaba el ajado muñeco junto al Bendito Niño Jesús. Abrió Chuti la fuerte puerta, e tomando aquel muñeco con cariño entre sus manos, me dijo:

“Donde se me ordenó, lo puse, que el valor de las cosas lo ponemos las personas”.

Nada vi en el muñeco que fuese especial e volvimos a bajar al comedor donde seguía una agradable tertulia.

Tras mucho hablar, pasamos los tres al dormitorio e allí estaba el muñeco sobre un sillón. Corriendo hacia él. Abrazólo Marino como si parte de su vida fuese, y entonces le pregunté:

“¿Sabéis quién me lo ha dado, digo verdad? A buen recaudo estará aquí también e vuestro es, que por algo se os fue regalado. No temáis perderlo”.

“Ya no es mío – contestó el pequeño -, sino nuestro, pues lo que en él hay para vos lo fui cogiendo. Mirad”.

Y Abriendo la parte trasera del cuerpo del muñeco, veínase cientos de papeles de moneda de varios euros, e mirándolo Marcos, espetó:

“¡Dios Santo! ¿Habéis contado cuánto hay aquí? A simple vista me parece una fortuna, pues ¡hay billetes de cien e hasta de quinientos! Y destos está el muñeco lleno”.

En Sevilla y a cuatro de junio del año de dos mil e seis.

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