23 junio, 2006

De la Noche de San Juan (y 6)

ras el primer ritual de purificación, venía el segundo (que de otra forma, no podía ser), y ya las llamas de la pira casi eran brasas, e saltaron los mozos e las mozas de norte a sur e de este a oeste, de tal forma, que pasaban por encima de las llamas haciendo una forma de cruz. E también los niños querían saltar, ¡vive Dios!, mas a esto me opuse, e cuál fue mi sorpresa que ninguno de los dos insistió en ello, e tomando Marino la su bolsa, sacó unos muñecos con papel e con hojas de palma seca hechos; e mostrómelos diciendo:

“Aquí está escrito lo que no quiero que vuelva. E como así es mi deseo, si me dais vuestro permiso, quiero echarlos a la hoguera”.

“Mi permiso tenéis, siempre que en esos papeles no se diga que tenga yo que alejarme de vos, chiquitín”.

E riendo, fuéronse hasta la pira por un ángulo por donde no saltaban los mozos e fue arrojando con parsimonia cada uno de los muñecos e, terminada aquella infantil ceremonia, volvió a acercarse e pidiónos a Marcos e a mí mesmo, saltásemos las llamas; e a esto me opuse, e don Juan, que húbose sentado a nuestro lado, dijo como para sí:

“Le pedirá un día quién sabe qué cosa, e lo hará”.

Terminada la fiesta, hizo don Juan la ceremonia religiosa con varias lecturas e hizo unas pláticas muy interesantes sobre la purificación. E ya comenzaban las gentes a salir en coche hasta la ciudad, e dentro de otro poco, volvimos nosotros a la casa tras las despedidas, llevándonos al nietecito.

E antes de ir a la cama hubimos de darles un baño a los pequeños, que hasta las camisas llevaban llenas de manchas de las bebidas, las salsas de las viandas e las aguas. E luego, cayendo rendidos, parecieron quedarse dormidos al punto en la cama. Apagamos la luz e nos fuimos al descanso.

En Ronda y a veinte y tres de junio del año de dos mil e seis.

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