23 junio, 2006

De la Noche de San Juan (3)

alimos a hora temprana en la tarde, que muchos preparativos deberían hacerse e todos nos ofrecimos. Estuvo entonces Marinín jugando con el nieto de don Diego, que por nombre tenía digo Jesús (e donde digo digo, digo Diego). E tal amistad hicieron, que a la hora de ir a la finca, con ellos se fue en su coche. Así, quedando nosotros con Su Ilustrísima en el nuestro, manifestó don Juan:

“Si nunca habéis vivido fiesta de la Noche de San Juan en la sierra, nunca la habéis vivido, que lo que os espera de ver esta noche es cosa que no olvidaréis… hasta el año que viene, si Dios nos concede esa merced”.

E con esto e otras pláticas, llegó una comitiva de coches a la finca de don Diego, e pasamos un poco más adentro que otras veces y, tras unas rocas, en un sitio alto pero no muy visible veíanse algunos preparativos. Dejamos todos los coches juntos bajo unos árboles e, al apearnos todos, me pareció que éramos más de veinte las personas que nos reuníamos.

Subimos luego una corta pendiente e apareció ante nosotros una antigua era, que no usándose ya, había sido limpiada del forraje e quedaba de arena rodeada por pequeñas piedras. En su centro, podíase observar un rimero de ramas e troncos secos rodeado también por rocas (éstas un poco más grandes), que parecióme sería una pira para la noche. Al fondo, había una cerca, que cerca de una alberca se hallaba; y era esta alberca como abrevadero, que separaba una parte para las bestias e otra para el ganado de lidia. Y en la parte de las bestias, habíanse colocado algunas piedras planas (tres o cuatro) a modo de escalones para subir hasta el agua.

Marcos e yo miramos cada uno de aquellos detalles con asombro, pues ninguna cosa parecía faltar. E observó mi compañero, que junto a la era, en el lado del oeste, había mesa como altar e a la diestra, se repartían otras mesas con manteles para las viandas.

Todos fuimos colaborando en colocar tal cantidad de cosas cada una en su sitio, e vi cómo mi niño, acompañado de Diego Jesús, ayudaban a Su Ilustrísima en la preparación de aquella mesa que junto a la era quedaba.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario