23 junio, 2006

De la Noche de San Juan (2)

ntramos en la casa con grande sigilo porque no fueran vistos los regalos, y encontramos todo fresco e a obscuras; con un tanto de cuidado e otro tanto de güasa, subimos los peldaños de las escaleras para guardar los bultos en el armario, mas, llegando a la mitad de los escalones, se oyó la voz ceremoniosa de Su Ilustrísima:

“Tanta precaución e tanto sigilo de nada os sirve, que en el rincón estaba descansando un poco, mas sabed que, para los demás, yo no he visto nada, sino que durmiendo estoy”.

“Gracias, Ilustrísima – le dije con baja voz –. Nada especial traemos, pero preferimos no andar dando explicaciones”.

“Como vos lo deseáis – respondió – así será; que aún me quedan unos minutos de solaz”.

E fuimos luego al dormitorio de Marino, que en lecturas estaba, e le dijimos habría de probarse la ropa que debería llevar al campo, que no es de razón mezclarse con bestias y toros llevando ropas de paseo. Así, sacó Marcos de su ropero la ropa que le pareció más apropiada: unos pantalones desos que llaman «vaqueros», una a modo de camisa que tiene por nombre «polo» e sus zapatillas de deporte. E quiso probar antes que nada si debería ponerle un calcetín fino o uno grueso, e así le puso primero uno más grueso e no entraba la zapatilla. E tomó luego un calcetín más fino e quedaba el pié como embutido, e dijo Marcos:

“¡A fe, capitán, que habéis elegido a un hijo que crece por días! ¿O es que crece de pronto cuando va cumplir años? Estas zapatillas no tienen un mes y ya se han quedado pequeñas (este niño, dijo entre dientes, no crece: tiene mala leche). ¿Podréis soportar un poco lo que os aprietan los pies?”.

E dijo el pequeño mirándole cabizbajo:

“Tal vez así, se hayan encogido mañana un poco los dedos o haya agrandado el calzado. Hagamos la prueba, que no quiero ser oneroso”.

“¿Qué cosa decís? – grité - ¿Cómo puede pensarse en calzar un zapato de niño en un pie de hombre? Ahora mesmo vendréis conmigo a esos «Calzados Bomba» donde escogeréis el que mejor se os ajuste al tamaño del pié y a vuestros gustos”.

E tomando al pequeño de la mano, salimos por las calles hasta llegar a la tienda e poner el remedio adecuado.

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