edí a Marcos llevárase consigo a un paseo al pequeño, pues sólo pasando el Puente Nuevo y poco más adelante, éntrase en la Calle de la Bola donde pueden encontrarse tiendas e bazares de toda clase, pues quería yo le comprase otro par de zapatos, que no siendo desos que dicen zapatillas, fuesen bien cómodos para mucho andar; e quise también hubiese, aún siendo de edad temprana, un reloj de los que llámanse de
pulsera; e si otra cosa de interés viere para él, la comprase también. Otrosí, pedile le regalase con algún dulce o mantecado (que llaman agora helado). Desta forma, quedamos don Juan e yo en el salón por discutir ciertas cosas que habríamos de hacer en Sevilla.“Dije a Su Eminencia – espetó – iré a su encuentro acompañado de una familia en el viaje y en cuya casa habría de hospedarme e, pensando éste en una familia tradicional, dijo quería conocerla. Desta forma, hube de aclararle que, al decir «familia», referíame a vuesa merced, el Capitán Alacaída, vuestro compañero (valido le dije) e vuestro ahijado, pensando habría de hacer alguna otra pregunta que quizá no supiere yo responderle. Mas, sabiendo que conmigo estáis en Ronda, no sorprendióle tal comentario e ni siquiera que hablase de vuestro ahijado; y es más, ningún comentario hizo de vuestra compaña”.
“Sabe de sobrado Su Eminencia – respondíle - que no puedo tomar nupcias; tal vez haya entendido eso de «familia» como «conjunto de personas», cosa que no es de extrañar aquí en el Andalucía”.
“Aquesto mesmo pensé yo – dijo con cierto extraño – mas, fue de gran contento para él saber esto y a una cena estamos todos invitados el mesmo lunes”.
“¿Qué decís? – pregunté con asombro - Acaso el Cardenal piensa que mi valido es una mujer”.
“No tal – concluyó Su Ilustrísima – que sabiendo no podéis haber casorio respondió: «No es eso impedimento, que no hay otra Sagrada Familia que la que vos e yo mesmo conocemos»”.
Casi a la hora de la cena, aparecieron Marcos e Marino de cajas cargados. Unos buenos zapatos, de gran calidad, le compró en la famosa zapatería que llámase “La Bomba” y que encuéntrase antes de llegar a la Calle de la Bola. E también alguna ropa ligera para el calor de Sevilla, el reloj y un curioso sombrero de colores llamado gorra.
Muchas cosas bonitas vistas me contó Marino, pues en todas las tiendas hay cosas que ver (e comprar), e dijo Marcos que hubo de contener un poco el gasto, que no siendo así, hubiérase traído media calle metida en bolsas e cajas.
Sonó la campanilla para la cena luego e comimos unas sopas de pescado que llaman “un en blanco” e que son riquísimas e gustosas de comer. Y, tras algo más de pláticas para reposar la cena, subimos a las estancias para el descanso, pues temprano partiríamos para Sevilla al amanecer.
En Ronda y a tres de junio del año de dos mil e seis.


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