13 mayo, 2006

Del sermón de don Juan sobre la entrega desinteresada

ablando estaba a medio día con don Juan y don Marcos de la falta de información que del pequeño teníamos, cuando expuse a Su Ilustrísima mi preocupación por lo ocurrido y por su estado actual y, no cambiando su costumbre de dar sabios consejos, dijo solemnemente:

“Erráis, querido capitán y sobrino, si pensáis dudo en lo más mínimo de vuestras intenciones, pues de lo hecho por mí nunca me olvido, que soy hombre y ministro de la Iglesia merced a vos. E así pienso que, en mi humilde ministerio, poder no tengo para juzgaros ni a vos ni a don Marcos, pues esto que dícese de Dios que premia a los buenos y condena a los malos, es craso error, pues ya se está juzgando a quién es bueno y a quién es malo; y sólo el Todopoderoso tiene la potestad de hacer ese juicio. Caridad sin límites veo en vuestro proceder al querer tutelar y educar vos mesmo a Marino, mas, ¿pensáis de veras que este mundo que nos rodea ahora ve más allá de sus narices? ¡Ayyyyy, amados míos en el Señor! Que se confunde ahora la Caridad con otras cosas y de esto no habéis de tener cuidado, que por su entrega en cuerpo y alma a los demás a más de uno crucifican. Si este tal inspector insinuó alguna cosa – Dios me ilumine si yerro –, es por aquello que se dice de la condición del ladrón. Y como ladrón (ni bueno ni malo) os tengo, sino como practicante de algo que ya no se usa o se está perdiendo: La Caridad. Pues si algo se hace por alguien pensando ya en el rédito, no es tal, sino «negocio»; y a vos no os veo yo negociando con personas ni con almas. Mas… si ese acto de amor, devoción y entrega lo hubiese hecho yo, por ejemplo, un cura retirado con su sotana y su reputación, ¿quién sabe si la respuesta hubiese sido otra? Pero no; esta entrega vuestra parece no gustar. Tal vez se os ve hombre afectado de ademanes pasados y se sospecha de vuestra compañía sincera. Dios, sin dudarlo, proveerá”.

Quedó don Marcos perplejo al oír tales palabras, y tanto fue así, que observando don Juan su gesto, a él dirijióse con estas otras palabras:

“Afortunado sois, por ventura, de tener a vuestro lado a caballero como el que nos acompaña y si en vuestra mente está también la intención de llevar a buen puerto la nave de ese pequeño, no deberíais dudar lo hacéis por verdadero amor y no por otras cosas. Oremos ahora, si en ello no habéis inconveniente, pues la sensación me llega de que Dios nos va a echar una mano; y una mano de Dios, son miles de manos humanas”.

En Ronda y a trece de mayo del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario