20 mayo, 2006

De las enseñanzas de mi compañero y de mi ahijado

ino pronto don Marcos por ver si todo estaba como se había pedido y, viendo la pila de artilugios allí preparada y en funcionamiento, ocurriósele hacer unas pruebas y él mismo hizo los preparativos. Desta forma, podía hacerse conferencia de una estancia a la otra. E fue de mi gusto.

“Los mejores juegos – dijo don Marcos - le han regalado por estas compras y sin duda sabe él sin dudar cómo tiene que ponerlos”.

“Una duda tengo que he de aclararos, pues fueme dicho que esta compra para sus estudios también serviría. Espero sea eso cierto”.

“Sin duda lo es, capitán - respondió orgulloso don Marcos –, que esta cosa de los juegos no es más que para uso cuando no haya estudios. Descuidad, que yo mesmo me encargaré desde el lunes de sus clases y observaré juegue sólo cuando haya acabado sus deberes”.

“E ¿?cuales serán esos deberes que ha de cumplir?”.

“Los que yo mesmo le ordene, capitán – respondió seguro – pues cada día habrá nuevas enseñanzas y éstas deberá aprender luego para poder continuar las liciones del siguiente día”.
“Bien me parece todo esto – aclaré – que no quiero sea el juego el que estorbe su aprendizaje”.

Echóse entonces don Marcos a reír e puso su mano sobre mi hombro en diciendo:

“No sé qué pensamientos me vienen, mas he de confesaros que de él mesmo voy yo a aprender cosas que no sé a mis años”.

En Ronda y a veinte de mayo del año de dos mil e seis.

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