ispuse todo para la educación y tutela de Marino, pues estando ahora un tiempo en Ronda y, quizá, otro tiempo en Sevilla, necesitaría un gran ayuda para ello.Propuse así buscarle profesor porque no dejase sus estudios, mas al punto ofrecióse don Marcos, que ha examinado en estudios muy dificultosos y quiso Su Ilustrísima en otras materias entrar y darle la educación religiosa que no iba a tener (de esto estaba yo seguro) de la mano de cualquier otro sacerdote. Quise también hubiese una ama, que nodriza ya no necesitaba a mi parecer, que le diese el cariño de madre que no hubo e le mostrase algunas cosas desta vida que no tenía más remedio que vivir. Mencionó don Juan a Cristina, que aunque sorda, es cariñosa, educada y ha criado a seis niños y, aunque la idea no me pareció mala, pensé que en algún momento habríamos de volver a mi casa de Sevilla y sería conveniente hiciera estas labores Catalina, la mujer que de cocinera tengo y también es buena madre, pues pasado el verano quería yo volver a seguir mis labores y obligaciones en casa y en la ciudad.
“¿Qué cosa haremos – preguntó don Marcos – en estos días que hemos de investigar los orígenes de vuestra vida?”.
Y antes de darle respuesta, vino otra pregunta al aire del pequeño:
“¿Orígenes? ¿Sois acaso extraterrestre? Perdón – añadió taciturno – pues en conversaciones de adultos sé no debo entrar”.
Y agachándome de espacio frente a él y tomándole de las manos, mirélo a sus ojos y le dije:
“Extraterrestre soy si tomamos esto como que mis raíces no son de esta tierra, pues era mi padre del Nuevo Continente; y lo único que queremos averiguar tío Marcos, «el cura» y yo mesmo, son esas raíces. Y en tocando a aquesto que decís de no entrar en conversaciones de mayores, dejad que yo mesmo os indique si debéis o no entrar en ellas, que mudo no os quiero y entre adultos habréis de andar”.
Y como casi con cierto tono de disgusto, acercóse también a Marino Su Ilustrísima y tomando a éste por la cabeza con grande cariño, espetó:
“¿Y si también a mí me llamarais tío Juan? Pues eso de «el cura» me resulta distante si tan cerca hemos de estar”.
“Si permiso me dais para ello – respondió Marino – sepa vuesa merced tal cosa quería llamaros, mas no todos los días se le llama a hombre de sotana «tío»”.
Reímos todos más bien por la colección de tíos que se estaba reuniendo que por la buena intención del niño, que al oír tal respuesta de don Juan, echóse a sus brazos, y éste, viéndose ya mejorado de sus achaques, elevólo en el aire, que cosa tal no pudo nunca hacer antes.
En Ronda y a diez y nueve del año de dos mil e seis.


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