24 mayo, 2006

De cómo se me ha pedido auxilio

l retirarnos ya para el descanso, arropé al pequeño tras mostrarle el orinal que podría usar si fuere menester y, cuando sentéme junto a él por contarle alguna cosa que fuese de su agrado, asió apretada mi capa e dijo:

“Pienso que aquí no ha de entrar, pues por el pasillo se le ve, pero ¿no podríamos poner una cama pequeña en vuestra habitación? Dormir solo aquí no puedo y vuestra estancia tiene baño”.

“Por tales cosas no debéis preocuparos – le respondí acercándome a él – pues hay más habitaciones en esta casa y seréis mudado a una con baño que junto a la mía se encuentra. Dormid ahora y descansad, que mucho habéis estudiado y jugado y pocos días quedan ya para celebrar vuestro bautizo. Compraremos mañana ropa adecuada para ocasión tan solemne y algunos regalos y, ya por la noche, os prometo dormiréis en habitación con baño; os ayudará don Marcos a mudar todas estas máquinas. Aquí, como ya sabéis, tenéis también la campanilla; por si lo creyerais oportuno. Nada ocurre; no preocuparos, dad las gracias e pedid a María Auxiliadora, que hoy habéis visto en la calle, os ayude a conciliar el sueño y dormid tranquilo, que a un capitán y a mucha más gente tenéis cerca”.

“Así haré, tío Marino – concluyó –; os lo prometo”.

Y descubriéndome, beselo en la frente e dile las buenas noches partiendo luego hacia mi habitación donde me esperaba don Marcos, que, al verme de entrar, dijo a media voz:

“¿Hase quedado conforme? Pues si es por una noche antes de la mudanza, no quisiera yo la pasara en vela, que tal como me habéis contado las cosas hoy, yo mesmo me haría pis en la cama… o ¡quién sabe qué! Oíd agora algo importante que he de deciros y, si os complace e lo creéis apropiado, dejadlo dormir esta noche en nuestra compaña; no quisiera yo verme a solas si ha visto, o imaginado siquiera, tales cosas”.

“En serio me parece proponéis que no duerma el niño solo - le dije – mas debería ir acostumbrándose a no haber tales fantasías. Si miedo siente, le he indicado toque la campanilla. Si esto hiciese, aquí lo traeré”.

Y respirando profundamente, dijo al punto:

“Más tranquilo me dejáis, pues también yo he creído veros una noche paseando por los pasillos e iluminado de blanco como dice el pequeño, mas creyendo eran mis ilusiones por haber visto lo que llamáis el aura y viéndoos al momento dormir donde estabais, al asunto resté importancia”.

“Acaso – apunté – pensáis ahora lo que yo pienso e, ya que lo proponéis, he de traer al niño esta noche con nosotros hasta descubrir esta rara fantasía”.

Y no hube terminado la frase, cuando siguió hablando:

“¡Esperad, esperad, os lo ruego! Que antes de traerlo otra cosa he de referiros que sé no os va a complacer”.

E así, me dio ciertas nuevas que iban a cambiar el rumbo que todas nuestras cosas llevaban; mas desto no puedo escribir hasta pasado el domingo. Con esto, atravesé el pasillo de espacio y en silencio a por el niño e parecióme oír con meridiana claridad, al otro lado, el crujir de las tablas bajo unos pasos y un sonido que nadie más que yo podría producir: el de una espada colgando del cinto.

En Ronda y a veinte y cuatro de mayo del año de dos mil e seis.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario