Largo tiempo para escribir hube anoche, pues fuéme servida la cena a la estancia e invitaba el silencio al pensamiento. Puse en orden mi mente y el contenido del equipaje de documentos de
don Marcos intentando averiguar qué cosas eran aquellas que faltaban, qué se había olvidado o en qué se había errado; e a todo esto añadí pensamientos sobre lo posiblemente ocurrido a mi compañero, pues parecióme que cometió el error de pensar débil a su oponente, e cuando la justicia no hace lo que es de ley, debe uno hacer la justicia; así se llame tomar ésta por la propia mano.Apagué las luces del salón e cerré las puertas de madera del balcón, pues sin duda, las grandes luces que iluminaban la fachada del antigüo hospital iban a mantener la habitación con claridad toda la noche. Así, y quitando primero mis ropas, pasé de espacio y en silencio al dormitorio por
no sacar del sueño a quien tanto lo necesitaba. Mas no fue tal la entrada, pues pisando la gruesa alfombra que hay en ella, le vi volver la cabeza por ver quién llegaba:
“Soy yo, Marcos; yo soy. No tengáis cuidado. Dejaré mi espada a mano si ello os hace sentir más seguro, pues antes moriré yo que vos; y de aquesto habéis de estar seguro. Dormid querido amigo ahora, que hay mucho día mañana para enderezar entuertos”.
Mas, incorporándose otro poco, miróme con grande sorpresa, como si no viera en mí al que siempre había tenido a su lado deste tiempo atrás, e dijo a media voz:
“Repetidlo, por favor; repetid lo dicho, pues no sé si en sueños o despierto os he oído llamarme Marcos y habéis quitado el don”.
“Sea pues tenido como olvido, pero no he de retirar lo dicho, que no es de razón llamar a un amigo poniéndolo tras un don, sino el primero; incluso antes de mí”.
“Y – continuó turbado - ¿cómo he de llamaros? ¿Capitán? ¿Es acaso ese vuestro nombre?”.
“A fe que no lo es. Capitán es mi tratamiento, mas no mi nombre, e muy bien sabéis que nunca nadie ha conocido el verdadero, sino que hanme llamado Alacaída, que no es sino mi apellido primero o el nombre de mi padre mal dicho e peor usado. Voto a tal, que seréis el primero en saberlo si es vuestro gusto, que nada os he de negar; mas, quisiera de vos una respuesta a una pregunta, amigo Marcos. No os obligo. Bien podéis negaros a responder, aunque no me parece justo acceder a vuestro deseo y que vos no accedáis al mío, pues con un poco de mente clara como tenéis ya y no con razonamiento de abogado terco, hubierais dado con él e con grande facilidad. Decidme, amigo, qué os tiene así para yo poder poner remedio, que para esas cosas también lo tengo”.
Hubo un luengo silencio e su rostro se escondió entre sus manos por no dejar ver aflicción:
“No puedo deciros tal cosa. Dejad pues el don en su lugar, que así como dijisteis, un don no nos hace menos amigos”.
“Marino. He aquí mi verdadero nombre; el significado de Atlacatl”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario