03 diciembre, 2005

Del encuentro con don Marcos

e entré en el parador a priesa por poner papeles de tanto valor a buen recaudo e intentar quitar a don Marcos lo que en su cabeza tenía, que conociendo ya tan bien a este Pérez de Olmo, me pareció sería dificultosa empresa. El «ataúd» que sube a los aposentos tomé como atajo; tal era mi premura.

En la puerta hallé, como ordené antes de la partida, al guardia que por mi compañero velaba, e viéndome éste aparecer por el pasillo silencioso, púsose firme como armadura de castillo junto a la puerta e dióme las novedades, que nada había nuevo, sino que descansaba don Marcos desde entonces. E abrió él mesmo con la pesada llave obedeciendo mis órdenes de no hacer oír la puerta e restar afuera a la espera por si fuere menester.

Pasé a la sala del baño antes e lavé cuidadosamente mis manos por quitar cualquier marca de sangre e asegurarme de que tampoco el documento llevara mácula que delatase; así, empujé luego, con grande cuidado, una hoja de la doble puerta que al dormitorio da e lo hallé en la cama e como dormido. Una pequeña lámpara en la mesilla mantenía el dormitorio levemente iluminado y en aquella penumbra resté quedo unos instantes mirándolo por saber si bien se hallaba, mas cuando iba a pasar de espacio hacia la gran sala, crujió la tarima suavemente e oíle decir a media voz:

A fe, capitán, que sois tozudo, pues aquello que pensáis hacéis e no advertís el peligro que os pudiere acechar”.

Quitó el embozo e dio media vuelta en la cama por verme – pues sabía que era yo el visitante -, e incorporándose en ella observé me miraba con detenimiento. A él me acerqué rodeando la cama y mostréle el documento firmado, e púsose a hojearlo por ver, quizá, las firmas estampadas, mas al terminar de hacer su comprobación, arrojólo con desprecio al suelo, volvióse de espaldas e volvió a taparse diciendo:

Recuperaréis lo perteneciente a don Juan y vuestro sobrino, mas no lo vuestro”.

Con esto, y sin querer estorbar su descanso, pasé a la gran sala y sentéme a la mesa de despacho.

En León y a cuatro de diciembre del año de dos mil e cinco.

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