carició con suavidad mi cabello una mano e me hizo salir del sueño y, frente a mis ojos, vi una mano tendida con una copa de jugo de naranja. Había pedido Marcos se nos sirviera el desayuno en la estancia por ser hoy día de
Sentados ambos en aquella mesilla desayunamos grande festín e de ricas cosas de esta tierra de León, e propúsele así sentarnos luego a la mesa grande que en el centro se encuentra y hacer repaso a lo visto una pieza e hablar de nosotros otra; e hubo gusto en la idea. Con esto, y terminada la colación matutina, levantéme a mirar do estaba el documento firmado que entregóme Del Olmo. Y en el mismo lugar en el cual fue arrojado estaba.
Sentados ya a la mesa de reuniones, volvió Marcos a hojear aquellas páginas con lentitud e gran atención e levantóse luego con priesa yendo al dormitorio; e trujo con él aquella arte como linterna de luz violeta e pasóla con sumo cuidado por algunas páginas, e preguntó al poco:
“¿Sabéis qué es la tinta indeleble? Pensé que este documento sería firmado con una tinta que desaparece de un día al otro, mas, no entiendo esto. ¿Qué habéis hecho con esta tinta que, aún siendo pigmento que deja de verse al poco, está aquí aún? ¡E paréceme, a lo visto, es tinta que jamás cambiará siquiera la color!”.
“Dejadme – le dije riendo – lleve yo el timón cuando os lo pida”.
Sonó en esto la repetida chirimía del móvil de Marcos con aviso de mi sobrino e vi cómo mi compañero mostrábase satisfecho e había gran contento, e así me dio el móvil porque yo hablase. E me dijo don Fernando estaban terminadas las pruebas desde el día anterior e se encontraba el joven soldado sano e dispuesto para ir a verme en compañía de su madre y con carta suya manuscrita como certificado de no haber mal alguno en su cuerpo. E quise yo hacer conferencia con ellos mas no era cosa posible desde tal estancia.
He hicimos con esto el final de la reunión e nos aprestamos más tarde para bajar al almuerzo. Estuvimos primero una pieza en la vasta bodega del parador tomando un vino, pasando luego al comedor donde fuimos cumplidamente servidos. E así hubimos almorzado, salimos al frío de la plaza por dar un paseo e volvimos luego a la estancia.
En León y a seis de diciembre del año de dos mil e cinco.


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