07 diciembre, 2005

De la vuelta de Marino (1)

ras un día festivo ha estado este, que aún no siéndolo, nos ha permitido holgar toda la mañana, por estar entre un día y otro de fiesta, y es esto lo que ahora llámase «puente», pues pasa por alto un día que debería ser de labor; y este puente a nosotros nos hunde, pues no ganamos un día, sino que lo perdemos.

Hemos disfrutado de la estancia en el parador visitando la biblioteca y, al entrar a ella, se encuentra una grande puerta de cristal que atada está por una cadena para impedir se pase. Mirando por ella, vimos el coro de la capilla, que es obra de admirar. E allí estábamos viendo los asientos tallados e comentando su gran belleza, cuando apareció un sirviente e diónos su saludo e, viendo cómo mirábamos al otro lado, sacó unas llaves y abrió un candado con cadena e nos ofreció pasar a vello. E fue gran maravilla de ver tal obra de cerca y la capilla al fondo con su retablo. Quedamos muy agradecidos a este hombre que, saliendo de allí, volvió a cerrar con la gruesa cadena.

Ya en el silencio de la biblioteca, sonó la musiquilla del móvil de don Marcos, que tenía aviso de don Fernando de la llegada del niño con su madre pidiéndonos reservásemos acomodo en algún hostal para ellos. E así que le oí pedir tal cosa, dije a don Marcos que habrían de tomar aposento en el mismo parador y en habitación cercana. Dióme consejo de que fuesen alojados en la parte más moderna, pues aún siendo lujosa, sería más adecuada para un niño que habitación al modo antigüo. Mas neguéme a esto, pues sabía que disfrutaría el joven vasallo de verse en aposento como el de su señor. E así, bajamos a la recepción e dijo don Marcos a una mujer quería reservar habitación para madre e hijo en la parte antigüa del parador, y oyendo esto, respondió la sirvienta: “Así será, caballero”.

Con esto, se acercó a ella otro sirviente e advirtióle no debía llamar a nadie caballero, sino señor, e así lo oí, hice señas al susodicho de querer haber unas palabras con él aparte:

“¿Acaso queréis decir que no es don Marcos un caballero? Pues siendo señor, que eslo, caballero es también”.

E mostróse este hombre confuso e quiso dello darme razones, mas interrumpí lo que hablaba diciéndole:

No es aquesto de llamar caballero o señor al huésped lo que ha de preocuparos, sino el tener la deferencia de hacer tal advertencia en lugar donde una dama no se sienta avergonzada de su yerro, pues siendo sirvienta, es tan de honrar como vos, caballero”.

E continuó este hombre pidiendo disculpas e con ellas dejélo, que otras cosas más había que me interesaban, pues quise ver la habitación donde hubiese de darse aposento al niño y a su madre; e así fue hecho, pues, al poco, nos acompañó un mozo a la tal estancia y en ella entré y fue de mi gusto por estar cercana a la nuestra y ser de gran parecido en lo antigüo, mas de mucho menor tamaño.

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