21 diciembre, 2005

De la invitación escondida en mi mente

irábame don Marcos con curiosidad, como queriendo acaso descubrir en mí algún pensamiento oculto, mas no hacía yo caso a esto. Así, viendo no decía yo palabra alguna, dijo él:

“¿Por qué no decís lo que pensando estáis? Sé qué os tiene llena la cabeza e quisiéredes manifestarlo a alguien, mas ¿no podéis o no queréis a mí decírmelo?”.

Todos tenemos la cabeza llena de pensamientos – dije -. ¿Sabéis de algún momento de vuestra vida en que no hayáis estado pensando en nada?”.

No es esto lo que os digo – repuso –, e bien lo sabéis, mas no queréis decirlo tal vez por no estar seguro de ser cosa atinada, que bien pudierais pensar que lo que se os antoja capricho pudiere ser estorbo para otros”.

A fe, querido Marcos – respondí -, que en poco tiempo os habéis acostumbrado a conocerme, pues en mi cabeza da vueltas una idea e no sé si debería hacerla realidad”.

No haced nada – continuó – si de ello no estáis seguro; no quisiera obligaros a hacer lo que os sería de disgusto; mas creo que así no es, sino que esto que pensáis quisiéredes hacer”.

E contesté brevemente:

Como lo pensáis es”.

Con esto, tomó en su mano el móvil e hizo una llamada. Habló con quien yo ya sabía iba a hablar, e diéronse detalles que yo ya tenía en mi pensamiento. Cuán asombrado empieza a dejarme este don Marcos, que de abogado terco se ha trocado en complaciente amigo, pues no ha hecho otra cosa sino invitar a doña Nicolasa y Marino a pasar con nosotros, como en familia, estas fiestas en Sevilla. E la respuesta a esta oferta ya la sabía, pues estando nuestra amiga viuda e no teniendo otra familia con quien compartir gozos y pesares, aceptó hacerlo con nosotros. Así, dispusieron venir a Madrid hoy mismo, pues partiremos mañana para el Andalucía. E al colgar a la señora – sigo sin comprender esto de colgar a tanta gente inocente – dióme razones de cómo Marino hubo gritado de haber gran gusto en venir con su capitán.

Cosa tan fácil – dijo don Marcos – no sé cómo os parece tan dificultosa”.

Y en esto, sí había cosas que don Marcos no sabía e, acaso, nunca supiere.

En Madrid y a veinte y uno de diciembre del año de dos mil e cinco.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario