stuvieron don Marcos y don Juan buscando fechas y nombre hasta la noche e fuéme avisado que tenían cosas nuevas que manifestar e preguntar; e no siendo yo de por mí de huir de interrogatorios y queriendo hacer claro también lo para mí obscuro, ofrecíme al punto a tales parlas en la mañana de este día, pues ya jueves, no había sino dos días que restar en Ronda. Tenía don Marcos ya preparado el viaje a Madrid, mas pensó sería de grande oportuno fuese con él por visitar algunos archivos en cuyos pergaminos pudiese tal vez descubrir lo aún encubierto. Y sentados ya como de costumbre a la mesa, me dijo:“Sea que acaso recordáis mal o mal escrita está la carta que vuestra madre escribiere, pues buscado por todos los medios habidos el nombre de Atlacaitl, no así aparece, sino como Atlacatl. Y claro está como luz de día que vuestro nombre no es sino forma castellana de decillo, que siendo nombre éste de dificultosa pronunciación, más suena a Alacaída que a otra cosa alguna. Si quisiéredes vos abundar en los recuerdos, pusiera yo mesmo lo que en la historia faltase. ¿Qué decís?”
Viendo yo que don Marcos entraba por el camino derecho, y siendo mi intención aclarar tales cosas, dije a ambos que estaba dispuesto a decir mis recuerdos, mas siendo éstos largos de narrar y confusos a veces, prefería dejar tales conversaciones para próximos días, una vez que volviésemos de Madrid; y oyendo mis excusas, dijo don Marcos estas palabras:
“Bix a belex”
Y a ello contesté:
“Maloob”
Estaba don Juan tan confuso como yo mesmo, pues oyendo las palabras primeras pronuncié las otras y ningunas déstas conocía él. E dijo luego el abogado:
“A fe que sois hijo de pipil ilustre, pues no muchos hombres en esta tierra conocen estas palabras, sino aquellos que eran habitantes de las tierras que conquistaran sus antepasados y no es otro el nombre de vuestro padre sino el de un Gran Señor de Cuzcatlán y significa su nombre marino en lengua náhuatl”.
Queriendo entonces otra vez parar aquellas pláticas, por parecerme recordar muchas e interesantes cosas, hasta que pasaran los viajes, dije a don Marcos con burla:
“Acaso vuesa merced piense que he de hablar de marinos y navíos ahora, siendo como son los vértigos mi mal. Sabiendo como ya sabéis algunas cosas que pudiéranse comentar, mas siendo esta historia larga, dejárala yo para después de las biodraminas”.
Y entre risas nuestras y confusión de don Juan, dijo don Marcos:
“Yum botic”
E respondí sin otros pensamientos:
“Yum botic. Koox tun”
Mas por no dejar a Su Ilustrísima con la incertidumbre de la espera por saber qué era aquello hablado, razonóle don Marcos que no eran esas palabras sino de la lengua de mi padre y que désto habría de saber todo. Y tal como les propuse en lengua náhuatl, nos fuimos a dar un paseo por la bella ciudad.
En Ronda y a veinte de octubre del año de dos mil e cinco.


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