ubimos reunión tras la cena antes de retirarnos al descanso, que por haber agora la costumbre de atrasar los relojes una hora en la noche por mejor aprovechar el día, sería el descanso una hora más largo. E desto hablábamos cuando dijo don Marcos con prudencia:“No es mi intención ser indiscreto e si no lo creéis conveniente os ruego me lo hagáis saber y no deis razones a mi curiosidad, pues no habéis hecho comentario alguno sobre el regalo que os hizo Su Alteza cuando vino a visitaros e pienso ha de ser un presente importante y no baladí. Así os pido, si ello fuere posible, me refirierais algo sobre tal regalo”.
Siendo don Marcos persona en la que ya había depositado toda mi confianza e pensando no habría de tener secreto alguno con él, díle estas luengas razones:
“No ha sido la informal visita del Príncipe solamente para mostrar el grande interés de
reloj de torre antigüo el que demuestra sus conocimientos sobre mi familia. Acaso no sabe vuesa merced de la grande afición que había el Emperador don Carlos por máquinas, artilugios y relojes e que
« Salieron pues, los señores del Senado y regimiento de Sevilla a recibir a Su Magestad
“Hubo así grande comitiva hasta el Alcázar donde quedó alojada. Ocho días más tarde llegó el Emperador e oficióse misa solemne en la cámara de doña Isabel por el obispo de Toledo, aún siendo Sábado de Pasión. E hubo recepción una vez consumado el matrimonio, e regaló mi madre, doña Jimena, el reloj que hame traído Su Alteza don Felipe”.
Y oyendo mi historia, turbóse don Marcos; e por completar la explicación dada, truje al bufete el reloj en su caja. E leyó éste la inscripción en él grabada. E no salía de su asombro cuando retrasamos todos los relojes una hora.
Cuenta con humor el bufón imperial Francesillo de Zúñiga: «Y dende a pocos días
En Madrid y a treinta de octubre del año de dos mil e cinco.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario