30 octubre, 2005

Del cambio de hora y del reloj como presente

ubimos reunión tras la cena antes de retirarnos al descanso, que por haber agora la costumbre de atrasar los relojes una hora en la noche por mejor aprovechar el día, sería el descanso una hora más largo. E desto hablábamos cuando dijo don Marcos con prudencia:

No es mi intención ser indiscreto e si no lo creéis conveniente os ruego me lo hagáis saber y no deis razones a mi curiosidad, pues no habéis hecho comentario alguno sobre el regalo que os hizo Su Alteza cuando vino a visitaros e pienso ha de ser un presente importante y no baladí. Así os pido, si ello fuere posible, me refirierais algo sobre tal regalo”.

Siendo don Marcos persona en la que ya había depositado toda mi confianza e pensando no habría de tener secreto alguno con él, díle estas luengas razones:

No ha sido la informal visita del Príncipe solamente para mostrar el grande interés de la Casa Real al conocer mi existencia, sino que hame demostrado con palabras y con gestos conocer bien mi historia; ¿E qué mejor forma de probar esto sino trayendo una muestra? Ni sois indiscreto ni he de ocultaros lo que en otro momento llegaríais a saber por otros cauces, pues es este reloj de torre antigüo el que demuestra sus conocimientos sobre mi familia. Acaso no sabe vuesa merced de la grande afición que había el Emperador don Carlos por máquinas, artilugios y relojes e que la Casa Real posée grande colección de ellos e muchos podéis ver en Aranjuez e otros están a buen recaudo. Por causa de ir a visitar el Reino de Andalucía, determinó don Carlos hacer su casamiento en Sevilla el 11 de marzo de 1.526, tras esperar la dispensa pontificia de Su Santidad por ser Isabel su prima carnal; y llegó esta dispensa el 11 de noviembre de 1.525. Y hubo mucho tiempo para preparar tal casamiento e se hizo éste por poderes por estar doña Isabel ausente e hubieron de repetirse luego. Fue entregada la Emperatriz en Badajoz el 7 de febrero e hubo de hacer largo viaje hasta Sevilla con nutrido cortejo y se efectuó el recibimiento en la Puerta de la Macarena. Y así lo escribió Ortiz de Zúñiga:”

« Salieron pues, los señores del Senado y regimiento de Sevilla a recibir a Su Magestad la Emperatriz, muy rica y lucidamente vestidos, con el señor asistente don Juan de Ribera y el ilustrísimo duque de Arcos, alcalde mayor de Sevilla. Salieron asimismo los muy reverendos señores del cabildo de la iglesia de Sevilla, y los egregios colegiales del insigne colegio de Santa María de Jesús; los caballeros y escribanos públicos, ciudadanos y mercaderes naturales y entrangeros, muy costosos y galanes, a mula y a caballo».

Hubo así grande comitiva hasta el Alcázar donde quedó alojada. Ocho días más tarde llegó el Emperador e oficióse misa solemne en la cámara de doña Isabel por el obispo de Toledo, aún siendo Sábado de Pasión. E hubo recepción una vez consumado el matrimonio, e regaló mi madre, doña Jimena, el reloj que hame traído Su Alteza don Felipe”.

Y oyendo mi historia, turbóse don Marcos; e por completar la explicación dada, truje al bufete el reloj en su caja. E leyó éste la inscripción en él grabada. E no salía de su asombro cuando retrasamos todos los relojes una hora.

Cuenta con humor el bufón imperial Francesillo de Zúñiga: «Y dende a pocos días la Cesárea Majestad vino a la dicha cibdad, y no menos fue recibido. Y esa noche que el Emperador llegó, se desposó; y antes que amaneciese, se veló; y dende a dos horas estuvo desvelado; y ansí se hicieron muchas fiestas y alegrías»

En Madrid y a treinta de octubre del año de dos mil e cinco.

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