i orden esta misma tarde de hacer a don Marcos mi valido, pues a la vista ya de las posesiones que habría de administrar, pensé sería menester no andar dando demasiadas vueltas a la cabeza. Aceptado el cargo por éste, se decidió hacer visita de cumplimiento ante notario el día siguiente, viernes, antes de partir a Toledo.Mostróse don Fernando con grande contento e advirtióme de la necesidad que habría de estar aquella misma tarde en la casa por esperarse visita importante. Dio algunas órdenes a los criados y se preparó
“Permítaseme anunciarle a vuesa merced el honor de recibir en mi propia casa a quien debería ser visitado en la suya, pues hase enterado ya el rey don Juan Carlos de vuestra existencia y está deseoso de conoceros…”
Interrumpí al punto lo que decía, pues no era de razón para mí recibir en casa ajena a persona alguna de
“No temáis – dijo luego -. Un privilegio para mí es sin duda alguna que recibáis a alguien en mi galpón; más aún si es hombre como el que viene a visitaros. No son ahora las cosas del protocolo como lo fueren otrora y el conocimiento de la existencia de persona como vos ha despertado la admiración de toda
Y tras oír tales nuevas, quedé suspenso y me miró todo aquese tiempo don Fernando quedo, pues pensó acaso que turbóme el tal anuncio; mas luego de pensar un rato, acepté aqueste honor como lo hiciere en otros tiempos, mas hice advertencia de que no se tomaran retratos de tal encuentro y así me fue asegurado. Con esto, y preparado ya todo, pasamos a
Llegado el momento y a la hora exacta, se anunció la entrada de Su Alteza y se abrió la puerta y púseme en pie solemnemente para tal encuentro. Quedé pasmado entonces al verle, pues en contra de lo que esperaba, fue él mesmo el que me hizo grande reverencia e no dejó me descubriese ante él y me entregó una pequeña caja de madera labrada y me preguntaba cosas y, abriendo la caja, me mostró un antiguo reloj como presente. Sentados luego, hubimos unas luengas pláticas y parecióme mostrar más interés del que esperaba por mi persona.
Terminada la recepción de tan poca formalidad pero de tan grande honor, decidí retirarme a mis aposentos, pues la llegada de tan real emisario habría de ser transcrita en este diario al momento. Y de esto también daré más señas.
En Madrid y a veinte y siete de octubre del año de dos mil e cinco.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario