05 octubre, 2005

De las fiestas de San Froilán

elébrase hoy la fiesta del santo Froilán, que nascido en Lugo en el año de ocho cientos y treinta y tres, hizo vida de eremita a los diez y ocho años de edad en la cueva llamada de Valdorria que es hoy ermita y que tiene a su entrada “tantos escalones como días tiene el año”. Fue luego obispo desta ciudad por pedir tal merced el pueblo al rey don Alfonso III, e fue su Pontificado de cinco años y en la antigüa catedral fue sepultado; mas el rey Ordoño II trasladó sus restos a la nueva catedral, y temiendo acaso luego la profanación de su tumba por el moro, fue llevado a Valdecésar porque allí hubo hecho vida solitaria. E no descansó tal santo en paz, pues fueron sus reliquias robadas y llevadas al Monasterio de Moreruela. Hízose pleito por conseguir que fuese vuelto a León, mas falló el Papa Alejandro III se devolviese mitad por mitad a León y a Moreruela. Descansando su alma a una con Dios y su cuerpo a dos en la tierra.

Y es agora cuando celébrase la fiesta de los carros engalanados y tirados por caballos, vacas, burros e bueyes, hasta la Plaza del Grano, e conviértese todo el Barrio Húmedo en mercado del medioevo como no hay otro en toda Castilla y León; e portan algunos mozos antigüos pendones de hasta quince metros en altura. Mas durando estas fiestas hasta el día noveno del mes, habría yo de dar buena cuenta de las viandas, cocido maragato e panes que en las calles se catan; y prefiriendo ser hospedado en el parador que hacer tantos viajes con Biodramina, he decidido acabar los trámites deste largo entuerto antes de volverme a Madrid, por no mudarme de sitio tanto como el santo. Y con esto, echo de faltar a Su Ilustrísima don Juan, que de no ser por su mermada salud e poca agilidad para tanto tráfego, disfrutare conmigo destos placeres en estos días y en este hermoso lugar. Y en la Taberna de La Piconera todo esto está escrito.

En León y a cinco de octubre del año de dos mil e cinco.

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