19 octubre, 2005

De la tierra de la Fuente Fría

erminadas las liturgias de obligación, tomamos desayuno en la misma casa y pasamos al salón. No parecióme don Juan muy impaciente por haber conocimiento de lo que quedaba de la historia y callado veíase a don Marcos, no sé si por habido poco sueño o por advertir que a poco o ningún sitio nos llevara ya esta historia. Tomando pues la palabra, pensé en sacarles de la duda que aún tenían.

Fue en 1.501 cuando empezó la repoblación cristiana de la Serranía de Villaluenga de acuerdo con documento emanado de la casa señorial con las condiciones de doña Beatriz Pacheco, viuda de Rodrigo Ponce de León y duquesa de Arcos. Quedaron en abandono las fortalezas de Cardela y Aznalmara y desaparecida la villa de Archite y estableció la duquesa notables facilidades fiscales a los nuevos moradores y ordenó que ninguno pudiere “comprar más de tres aranzadas de viñas y tres caballerías de tierras de las que se dan en el repartimiento, por que los ricos no compren lo de pobres, salvo que estén las haciendas repartidas por todos”. Tuvo mi madre por herencia las tierras más altas de la Ribera del río Gaidovar; fértiles y de mucho agua y mucha siembra y mucho ganado. En ellas hubo una gran casa con bellas vistas y mucho verde, pues cerca de allí encontrábase un pequeño piélago cuyos lados no tenían un metro; de fondo de un pie entre cuyas rocas manaba agua abundante y helada en verano; y estaba cubierto éste por un grande árbol de moras y caían las más maduras y sabrosas al agua y se tomaban muy frescas. Allí tenía el río Gaidovar su nacimiento y tanta agua llevaba, que a una legua se encontraban molinos de grano y aceite que el moro construyera. Y detrás de la casa, más arriba, entre los riscos, manaba otra fuente pequeña de agua helada y que decían tenía propiedades para curar ciertos males. Y era esta agua tan fría, que no podían dejarse las manos dentro mucho tiempo, pues del helor dolían. Y fue llamada la Fuente Fría y así se llamó aquel lugar y no ha muchos años que oí de ella hablar a los grazalemeños mayores como de la Fuenfría; mas ya está seca. Y no es ahora aquel sitio sino el llamado Aldea de Gaidovar y así como ya no existen las otras villas, no existe ya tal lugar. Mantuvo mi madre aquella fuente cerrada con reja, mas desapareció ésta con los años y quedó la fuente como pública, siendo que hace sesenta años iba la gente al lugar por tomar aquellas aguas; e la cancela de hierro fue a otro sitio llevada”.

Al oír don Juan tal historia, cerró el libro que hubiere entre las manos y dijo:

Tiempo es entonces de saber el resto de la historia; la parte que vos no sabéis desto y que pudiere seros de interés. No tal para don Marcos, que ya ha cumplido, y bien lo ha hecho, con el cometido que encargósele. Tomemos ahora vino que de aguas ya estamos saciados”.

En Ronda y a diez y nueve de octubre del años de dos mil e cinco.

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