erminadas las liturgias de obligación, tomamos desayuno en la misma casa y pasamos al salón. No parecióme don Juan muy impaciente por haber conocimiento de lo que quedaba de la historia y callado veíase a don Marcos, no sé si por habido poco sueño o por advertir que a poco o ningún sitio nos llevara ya esta historia. Tomando pues la palabra, pensé en sacarles de la duda que aún tenían.“Fue en 1.501 cuando empezó la repoblación cristiana de
Gaidovar; fértiles y de mucho agua y mucha siembra y mucho ganado. En ellas hubo una gran casa con bellas vistas y mucho verde, pues cerca de allí encontrábase un pequeño piélago cuyos lados no tenían un metro; de fondo de un pie entre cuyas rocas manaba agua abundante y helada en verano; y estaba cubierto éste por un grande árbol de moras y caían las más maduras y sabrosas al agua y se tomaban muy frescas. Allí tenía el río Gaidovar su nacimiento y tanta agua llevaba, que a una legua se encontraban molinos de grano y aceite que el moro construyera. Y detrás de la casa, más arriba, entre los riscos, manaba otra fuente pequeña de agua helada y que decían tenía propiedades para curar ciertos males. Y era esta agua tan fría, que no podían dejarse las manos dentro mucho tiempo, pues del helor dolían. Y fue llamada
Al oír don Juan tal historia, cerró el libro que hubiere entre las manos y dijo:
“Tiempo es entonces de saber el resto de la historia; la parte que vos no sabéis desto y que pudiere seros de interés. No tal para don Marcos, que ya ha cumplido, y bien lo ha hecho, con el cometido que encargósele. Tomemos ahora vino que de aguas ya estamos saciados”.
En Ronda y a diez y nueve de octubre del años de dos mil e cinco.


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