11 octubre, 2005

De la segunda jornada y de la historia que yo recordaba (1)

onaron los golpes a la puerta siendo la hora de comenzar el día y también pude oírlos en la otra puerta del cuarto cercano, mas no hubo palabras de llamada. Recordando entonces lo ocurrido la noche anterior, volví mi cabeza y vi los ojos de don Marcos abiertos y mirándome con leve sonrisa:

No os preocupéis – dijo en voz baja -, ya estoy despierto, aunque cansado, pues después del primer sueño desperté y poco más he dormido, que no duerme uno todos los días junto a un hombre que es como un libro andante. Mas como bien dijisteis, ni tres días han tenido que pasar para acostumbrarme a estos usos y no es mi deseo ahora el volver a Madrid, sino conoceros y saber todo eso que tenéis en vuestra mente y no queréis decir. Iremos a misa e cumpliremos con todo aquello que sea aquí de cumplir”.

Fue tanta mi sorpresa por aquellas palabras, que parecióme no conocer a aquel don Marcos distante, severo, acedo y hasta cruel que creí conocer en Cuenca.

Decidí entonces convencerle de que podía quedarse en mi cama sin la obligación de asistir a misa y que ya daría yo mis excusas a don Juan por ello. Y así se lo manifesté y así me quedó grandemente agradecido y me pidió contase lo que supiere por no andar dando más vueltas a un asunto que se sabía ya resuelto.

Salí con don Juan de la casa en día poco apacible hacia la Iglesia Mayor y a la misa matutina, y terminada ésta, fuimos a tomar el desayuno a la taberna y habló don Juan curiosas palabras:

Es toda esta nueva documentación inútil si no decís lo que sabéis. ¿Acaso no os dais cuenta de lo que está sucediendo a vuestro alrededor cada día? Debéis narrar todo aquello que mantenéis oculto, pues no es ahora de razón perder más tiempo en lo que ya será pronto recuperado. Firmará Pérez del Olmo lo que sea menester y esto obligará a Vargas a devolver lo que nos pertenece; mas ¿a qué negar lo que ahora es evidente? Son los caminos de Dios tan claros, que no los vemos; los tenemos delante en pleno día y no somos capaces de dar un paso”.

Y estas razones no alcanzaba a entender, mas pensé, sin dudarlo ya, que en esta misma mañana habría de contar lo que estaba en mi memoria desde que hube uso de razón.

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