ue la comida copiosa e de gran gusto para todos, que no hay mesa que aguante el peso que tales manjares tienen ni mantel de sobremesa que se mancille con estas salsas. Y tras la comida hubimos largas pláticas y olvidó don Marcos su cansancio e su disgusto por el mucho viajar y el poco dormir, y entrambos hiciéronme muchas preguntas y a todas ellas di razón, e vine a ver cómo estaban más interesados en mi persona que en descubrir y recuperar lo usurpado.Llovía cuando salimos del restaurante y fuimos con paso ligero hasta la casa, que aunque no es luengo el camino es todo él descubierto; e llegados a la casa empapados en agua, hubimos de cambiar las ropas antes de sentarnos en el salón. Siguió entonces la lectura de aquellos papeles y no se veía en ellos trazo alguno sobre la procedencia del marquesado de Fuentefría, y sabiendo yo acaso la respuesta, tampoco quise adelantarme. E así fue que llegó la hora de la cena sin haber dado paso importante.
Retirados luego a mi cuarto, estuvimos don Marcos y yo ordenando aún más datos, pero el cansancio era tanto, que nos pusimos sobre el colchón a buscarlos y leyendo estaba un interesante escrito, cuando advertí que el abogado quedóse dormido boca abajo teniendo sus manos sobre algunos legajos. Y observé su cara mientras dormía y se asomaba en ella una felicidad que antes no tenía, pues un hombre que no ha trato sino con aquellos que andan en pleitos y con gentes de pocos escrúpulos, ha de tener sin remedio el humor agrio. Y retirando todo lo que sobre el colchón se encontraba, echéme a dormir agotado junto a él.
En Ronda y a diez de octubre del año de dos mil e cinco.


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