os dio don Juan excusa de asistir a la misa de hoy, pues siendo la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, no es fiesta de guardar aún siendo de holganza por celebrarse también Fuése Su Ilustrísima a celebrar la misa de la fiesta y no volvió hasta el medio día. Y desayunamos don Marcos y yo en
“Tened en cuenta, querido licenciado, que lo que os he narrado no es cosa que haya de usarse en modo alguno públicamente, sino como esclarecimiento de vuestras dudas. Sólo don Juan y vos sabéis esto y desta casa de Ronda nunca debiere salir. Resuelto está el caso de la herencia y poco resta por hacer para que cada cosa sea en su sitio”.
“Sois verdadero – dijo – y creedme si os digo que vuestra historia no es mancilla para vuestro nombre, sino que viene a afirmar aún más el valor y la grandeza que tenéis; pues no he conocido hombre de tantas virtudes; mas os aconsejaría yo que tratéis de aprehender también los conocimientos actuales que os pudieran ser de gran provecho”.
“Desto me hago cargo – respondí – y en ello estoy, que no son tan difíciles estos conocimientos ni el manejo destas nuevas armas y artilugios. Mas a fe que sabéis, y no de ahora, que como todo hombre fuerte tengo yo mi talón de Aquiles, que no es otro sino mi padecimiento de vértigos a las alturas, que aún estando armado, me desarma”.
Rióse al punto don Marcos por lo dicho e prometióme solemnemente no hablar siquiera de ello con don Fernando; mas también éste sabía de mi debilidad.
En Ronda y a doce de octubre del año de dos mil e cinco.


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