18 octubre, 2005

De la carta y de cómo se turbó don Marcos

uise primero ver la carta que escribiese mi madre con fecha de veinte y ocho de junio del año de mil e quinientos catorce, mas era muy dificultosa su lectura por haber el papel mucho roto y estar la tinta de poco color. Escribía mi madre a doña Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos y viuda de don Rodrigo Ponce de León, tercero conde de Arcos, marqués de Zahara, duque de Cádiz y señor de las Siete Villas de la Serranía de Villaluenga; a saber, Archite, Aznalmara, Benaocaz, Cardela, Grazalema, Ubrique y Villaluenga; y comunicaba en ella mi nacimiento y cómo no había en mí parecido con mi padre por ser yo de piel blanca, ojos claros y cabellos dorados y que sólo había parecido con él en el lunar que tengo en parte oculta. Y algunos otros documentos como este se hallan en el Archivo de la Nobleza de Toledo. Mas no sabía don Juan que desta señal daban cuenta los médicos que me hicieren las pruebas y que constaba esto en la fe de vida; e no se hacía en ella mención del marquesado de Fuentefría. Sólo este dato faltaba y yo lo tenía en la memoria.

Con esto, subí a los aposentos por ver qué cosa hacía don Marcos y hallélo sentado a mi mesa y buscando algo entre los papeles.

No puede negarse – dijo – lo que dan por cierto los papeles ni los médicos; no puede negarse lo que ha visto uno mismo con sus ojos; no puede negarse que es vuesa merced el verdadero y duradero Capitán Alacaída; mas ¿cómo puede asegurarse que todo esto es cierto?

No tuve palabras para explicar mi existencia y de ésta sólo dan fe los hechos y no pueden razonarse tales; desta forma no tuve palabras que manifestar a un abogado que no cree sino en lo que razonarse puede; un Tomás al que habría que decirle “no seas incrédulo”.

Con esto, decidí dejar para el día siguiente los últimos datos que querían conocerse.

En Ronda a diez y ocho de octubre del años de dos mil e cinco.

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