uise primero ver la carta que escribiese mi madre con fecha de veinte y ocho de junio del año de mil e quinientos catorce, mas era muy dificultosa su lectura por haber el papel mucho roto y estar la tinta de poco color. Escribía mi madre a doña Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos y viuda de don Rodrigo Ponce de León, tercero conde de Arcos, marqués de Zahara, duque de Cádiz y señor de las Siete Villas de Con esto, subí a los aposentos por ver qué cosa hacía don Marcos y hallélo sentado a mi mesa y buscando algo entre los papeles.
“No puede negarse – dijo – lo que dan por cierto los papeles ni los médicos; no puede negarse lo que ha visto uno mismo con sus ojos; no puede negarse que es vuesa merced el verdadero y duradero Capitán Alacaída; mas ¿cómo puede asegurarse que todo esto es cierto?”
No tuve palabras para explicar mi existencia y de ésta sólo dan fe los hechos y no pueden razonarse tales; desta forma no tuve palabras que manifestar a un abogado que no cree sino en lo que razonarse puede; un Tomás al que habría que decirle “no seas incrédulo”.
Con esto, decidí dejar para el día siguiente los últimos datos que querían conocerse.
En Ronda a diez y ocho de octubre del años de dos mil e cinco.


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