inieron mis acompañantes a darme aviso al amanecer, pues partirían de nuevo a la ciudad para aclarar ciertas dudas que hubieron al ver los documentos que nos fueron entregados, e con el solo pensamiento de verles cruzar el puente, encogiéronse mis tripas.Parecían faltar entre los papeles algunos de máximo interés e sin los cuales no sería posible recuperar la hacienda e privilegios robados y que obraban muchos en manos de Vargas, e ciertas sospechas sobre lo acaescido la tarde anterior les llevaba a aclarar algunos puntos, mas sabiendo mi dificultad para recorrer ese camino e no siendo imprescindible mi presencia, aconsejáronme quedar en el parador.
E fue así como volvieron a la taberna de
Descubriose que el tal tabernero hubo recibido a cuenta cierta cantidad de dinero por debilitar nuestras fuerzas a base de licor de resoli e hacernos volver hacia el puente más tarde de la cuenta, permitiéndoles esto recuperar lo entregado y quitar los obstáculos que le presentábamos arrojándonos al vacío. Mas no fue tal el desenlace de lo tramado e partió Pérez del Olmo hacia León bien temprano con los documentos que faltaban.
Volvieron don Fernando y don Marcos al parador a medio día e dióme este último algunas razones que no pude entender con claridad, pues habiendo yo en tiempos empezado a estudiar Derecho acabé torciéndome e dedíqueme a otros menesteres; y esta jerga de licenciados me suena a vascuence. Advertí sin embargo la necesidad que habría de volver personalmente a la ciudad para estampar mi rúbrica en unos registros e, cuando veo dos malos caminos con un mismo destino, elijo de entre ellos el no muy muy o el menos tan tan; e hice observación sobre esto, pues estaba dispuesto a volver, mas haciéndolo en coche e por el camino que baja del parador y sube luego hasta el ayuntamiento. E siendo sábado, era menester hacer esto de mañana o esperar al lunes.
En Cuenca y a diecisiete de septiembre del año de dos mil e cinco.


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